Paisajes sagrados

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Paisajes Culturales Sagrados

Museo Etnográfico de Castilla y León

Fichas


El paisaje cultural sagrado a través de la ermita del Cristo de la Cruz de Segovia

24 abril 2018




Dentro del concepto de paisaje cultural como “la proyección cultural de una sociedad en un espacio determinado desde una dimensión material, espiritual, ideológica y simbólica”, según la definición de Eduardo Martínez de Pisón, se revela la existencia de espacios cargados de sacralidad que se manifiestan a través de ciertas huellas, unas veces materiales pero otras inmateriales, que lo identifican y lo individualizan respecto a los de su entorno y los eleva, finalmente, a lugares referenciales. Estos son ámbitos que se generan a partir de ciertos hechos –la aparición de una imagen suele ser el episodio relevante más habitual, aunque hay otros- que dotan de carga simbólica a un lugar en torno al cual se generan, a través de varias generaciones, toda una serie de construcciones y huellas diversas. Suelen generarse estos paisajes culturales sagrados en ámbitos muy específicos del territorio –en zonas de paso, en espacios de frontera, en lugares donde existen ciertos recursos críticos, etc.- donde a través de ciertas manifestaciones rituales, las poblaciones se identifican y hacen “suyo” dicho paisaje.

Traemos en esta ocasión una ermita urbana de Segovia, en la que podemos apreciar la confluencia de algunas de las características que suelen tener los paisajes culturales sagrados. Sabemos que su construcción estuvo motivada por la predicación de San Vicente Ferrer en 1411. El dominico valenciano propugnaba la defensa y exaltación de vida, pasión y muerte de Cristo y la Eucaristía, con un odio acérrimo frente a los judíos, por lo que sus vehementes discursos calaron rápido entre el orbe cristiano medieval. Si nos ponemos en la piel de los hombres y mujeres que en Segovia escucharon al dominico, no hay duda de que la elección del titular del templo debía ser una advocación cristológica pero, es más, también tenía que aportar el símbolo, en este caso el Cristo de la Cruz. Con esta denominación no solo se está ensalzando la figura del Salvador, sino que el poder de la Vera Cruz acentúa la supremacía de la fe católica frente a otras minorías, lo que en España valió no solo para el siglo XV sino que se ha usado hasta la aconfesionalidad del Estado en 1978.

Retomemos ahora el espacio que ocupa el templo; sabemos que, en origen, estaba en un ejido, de un arrabal populoso. La ermita se sitúa en un extremo del mismo, suponiendo que en sus orígenes coincidiría como final de núcleo urbano e inicio del camino a Madrid, que quedó bien definido en el siglo XVIII con la erección de la Puerta de Madrid, a través del histórico camino de La Fuenfría. Así, el templo no solo está rememorando una predicación, o un personaje, o una advocación, sino que también está de manera simbólica, limitando y protegiendo el espacio de la ciudad y posibilitando, a la vez, que el que salga de Segovia pueda pedir la protección antes de iniciar el viaje y asegurando al que entra, que ya está en un espacio protegido.

Pero este camino de Madrid, camino de la Fuenfría es mucho más. En el pequeño espacio ajardinado junto a la cabecera y el pilón, una placa nos recuerda algo fundamental no solo para la historia de Segovia sino para la de toda Castilla, y es el recuerdo de que por ahí pasaba el Cordel de Santillana. Este cordel, ramal menor de la Cañada Real Soriana Occidental, o de la Vera de la Sierra, comunica con el esquileo homónimo, uno de los más importantes de la provincia, cuyos restos aún se pueden observar a escasos kilómetros del lugar. La ermita además conserva, aunque ligeramente reconstruida, una fuente con su pilón que bien pudo ofrecer alivio a los viandantes, a los pastores y a sus ganados. La construcción del templo como ya hemos indicado se inicia tras la predicación de San Vicente Ferrer en los primeros años del siglo XV. De la construcción primigenia son quedan los arcos góticos, que hoy podemos apreciar gracias a una restauración en el lateral del templo. La ermita tiene una sola nave, de planta rectangular un tanto alargada. Destaca la portada que aunque es obra posterior, es elegante y sobria formada por un arco de medio punto de dovelas almohadilladas, que se cobija bajo y. frontón triangular. La decoración pictórica de esta portada es ya del siglo XVIII, y en ella se aprecian elementos arquitectónicos donde destaca, como no podía ser de otro modo, la representación de la cruz a modo de remate sobre el frontón.

Localización:







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