Paisajes sagrados

Laboratorio

Paisajes Culturales Sagrados

Museo Etnográfico de Castilla y León

Fichas


Cruces, mojones y rituales de un particular tipo de paisaje sagrado

3 de julio de 2019


Pedro Javier Cruz Sánchez / Beatriz Sánchez Valdelvira

Fotografías: Dehesa de Villatoro, Ávila


(…) y desde la Cabeza de la Vena en la cuesta abajo otro mojón, y adelante descendiendo la dicha cuesta de cabe la Cabeza de la Vena, de cara Santa María del Cubillo, otro mojón, y otro mojón a la falda de la dicha cuesta, y desde este mojón de la falda hasta una peña en que está una pililla encima de Santa María del Cubillo tres mojones, y que se haga una cruz en la dicha peña, y desde la dicha peña otro mojón entre la dicha Santa María y el hera el camino del Berceo, y que se haga una cruz por mojón en la peña cabe el sendero que viene de Villacastín a Santa María del Cubillo, a la mano izquierda, y que se haga en la cima del cerro del Cubillo otro mojón en la tierra que dicen de la Ermita, y que se haga otro mojón en el dicho cerro del Cubillo, y que se haga una cruz por mojón en una peña, el cerro abajo del Cubillo, y que se haga otro mojón encima del Berrueco del Cabrón, y que se haga otro mojón en el cerro del Cubillo de abajo de la Peña del Cabrón, y que se haga una cruz en una piedra redonda que está ende, y delante en el dicho cerro del mojón se haga en otra peña que tiene una pila una cruz por mojón (…)
(Gregorio del Ser Quijano, en su libro Documentación medieval en Archivos Municipales Abulenses. Ávila. 1998)

Con cierta periodicidad era necesario revisar los confines de los términos señalados por medio de cruces en peñas y árboles, lo que suponía la afirmación espacial propia frente a la del vecino y la definición de la liminaridad y territorialidad local dentro de cada comarca en las que subyacían conceptos tales como “(…) autoridad, sometimiento, conflictividad, convivencia, vecindad y sociabilidad, hábitat y paisaje, recursos humanos y cotidianeidad”.

Desde la antigüedad, estos límites territoriales había sido objeto de culto por parte de las capas más bajas de la sociedad, quienes los habían adornado y transformado a lo largo del tiempo erigiéndose en una especie de lithoi empsychoi y “piedras con vida” o piedras animadas según apuntaba David Fredberg. Para ello se organizaba un tipo de procesión cívica, un itinerarium, formado por los alcaldes ordinarios de los cabildos, el procurador síndico de cada población y varios testigos, así como los escribanos con sus mesas y carpetas; con un orden determinado se revisitaban y (re)definían los límites del término comprobando los hitos que solían ser cruces grabadas en ciertas piedras, contando con pasos los tramos entre ellos y remarcándolos o supliéndolos, según tocara, manteniendo así en perfecto estado el “mapa mental”, físico del territorio y, por ende, el paisaje sagrado, fundamental en la vida cotidiana del Antiguo Régimen. Es común que estas visitas a los amojonamientos son frecuentemente citadas en la documentación según apuntamos en la cita que encabeza esta entrada. Los mojones, como símbolos parlantes que indican propiedad, están definidos en el Diccionario de la RAE como la “Señal permanente que se pone para fijar los linderos de heredades, términos y fronteras”; son, por tanto, elementos que señalizan y protegen las tierras, dividen el espacio, fragmentando el entorno y testifican además la identidad al encontrarse unidos al orden y a la autoridad. Poseen una función demarcadora y de vigía, por lo que en la mayor parte de las ocasiones son necesarias unas dimensiones determinadas o unas marcas características para que pudieran ser vistos o al menos saber dónde se encuentran, de ahí que se ubicaran en lugares elevados y destacados como montículos o túmulos prehistóricos, sobre piedras o accidentes naturales singulares.

Las marcas más habituales en los deslindes de término son la representación de cruces en los árboles y, más comúnmente, en ciertas piedras localizadas en lugares por lo común elevados o destacados en el entorno, como apuntaba Ferro Couselo. Aunque se tiene constancia documental de su existencia desde el siglo IX (en Cataluña hay documentos fechados en el año 882 y en Galicia en el 911), los ejemplos de cruces que han llegado a nuestros días se suelen datar a partir del siglo XVI en adelante. Tal y como Fernández Ibáñez y Lamalfa Díaz ofrecieron en su día, la tabla tipológica de las cruces de términos que aparecen en afloramientos naturales de roca, menhires prehistóricos, miliarios romanos o piedras enhiestas clavadas para tales fines es bastante corta, reduciéndose a cruces incisas simples –latinas y griegas–, cruces de Calvario, cruces potenzadas en T y cruces trinitarias (2005: 260), acompañadas de representaciones humanas y animales, alquerques, letreros, huellas de plantas de calzado, pentalfas, etc. bien aisladas o en abigarrados conjuntos localizados en abrigos rocosos.

Laboratorio de Paisajes Culturales Sagrados
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