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Días de hambre y largas colas…




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Días de hambre y largas colas…

Por Emilio Ruiz Trueba
Bibliotecario del Museo Etnográfico de Castilla y León

Una vez cautivo y desarmado el ejército rojo, la pelea pasó a ser otra, mucho más prosaica, el hambre. Así, el 14 de mayo de 1939 vio la luz algo que nunca tendría que haberla visto, la cartilla de racionamiento. Tres tipos de cartillas se crearon, clasificadas de la manera más básica: “para ricos”, “para clases medias” y “para pobres de solemnidad”. Aunque el hambre duele igual, siempre ha habido clases.

Las cartillas de racionamiento, dicen quienes lo vivieron, no daban mucho de sí, no eran cantidades suficientes para acabar con el hambre de una familia en muchos casos numerosas y en otros casos acrecentadas por la necesidad de socorrer a familiares que habían quedado desvalidos tras la contienda.

Ciertamente estas cartillas de racionamiento, con sus correspondientes cupones, para algunos constituyeron un alivio vital, pero también proyectaron hasta el infinito la proverbial picaresca española. Nació así el estraperlo, que sirvió para enriquecer a proveedores que en muchos casos ya eran ricos y sirvió también para que gente humilde hubiera de agudizar el ingenio y una pizca de maldad con el objetivo de alimentar a su familia: borrar con miga de pan el sello recién estampado en el cupón para que otro familiar volviera a la cola, agricultores que recogían parte de la cosecha de noche para engañar a los inspectores que pasaban de mañana para recoger la producción, falsificar directamente los cupones o comprar los puestos en la cola eran algunos de ellos.

Y sí, la cola. Si hay dos conceptos íntimamente unidos son “cartilla de racionamiento” y “hacer la cola”. Las fotografías de largas filas doblando esquinas ante los comercios que suministraban los alimentos han servido para ilustrar cualquier libro o artículo sobre los años del hambre. Si se sumaran las horas que las mujeres pasaban haciendo fila saldrían años. Y saldrían más años aún si se sumaran, de nuevo, las horas que estas mujeres pasaban en la cocina imaginando qué cocinar con lo poco que tenían a disposición, su concepto de cocina creativa difiere bastante de la actual. De hecho, Ignasi Domenech, reputado cocinero y gastrónomo catalán publicó en 1941 un recetario titulado “Cocina de recursos”, en el que, por ejemplo, se explicaba cómo hacer una tortilla sin huevos o un puré con las vainas del guisante. Seguramente no fue casualidad que la primera tira cómica de Carpanta apareciera en 1947, aún faltaban cuatro años para que desapareciera definitivamente el racionamiento.

En fin, los años del hambre.

Para saber un poco más:

ALMODÓVAR, Miguel Ángel. Los años del hambre en España. Madrid: Oberón, 2003

DOMÉNECH, Ignacio. Cocina de recursos: deseo mi comida. Gijón: Trea, 2011

Memoria del hambre. http://www.memoriadelhambre.es/