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Creencias y mentalidades

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Paloteo “la Virgen María”. Fuentes de Nava (Palencia)

Grabado por Macario Santamaría el día 22 de agosto de 1987. Tema interpretado por José María Silva a la dulzaina y Fortunato Herrán a la caja. Cantó el lazo de paloteo León Martín



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La Virgen María
es nuestra protectora
nuestra defensora
que no hay que temer.
Vence al mundo,
demonio y carne
y guerra, guerra, guerra
contra Lucifer.


Con esta antigua letra, buena parte de España acompaña muchas veces canturreando de memoria el son el Himno Nacional empleado en los más destacados actos litúrgicos y ceremoniales: la aparición de los monarcas, la visita de autoridades, al momento de la consagración en la liturgia de la Iglesia católica, la salida de los santos titulares de la parroquia, danzas y paloteos en honor de los mismos o el encuentro de la Madre y su Hijo en la procesión del Domingo de Resurrección.

LOS AGRADECIMIENTOS. PROCESIONES Y DEMOSTRACION PÚBLICA DE LAS CREENCIAS

En la procesión suenan danzas y paloteos, más modernamente las jotas procesionales pero también las piezas más emblemáticas del ritual: la entradilla, denominada mudanza y ésta contradanza o danza de la Virgen o del Santo. Con respecto a ella son muchas las matizaciones que habrían de hacerse en cuanto a sus múltiples denominaciones. Esta pieza musical, por un afán de localismo emanado de su aprecio y popularidad se nombra bajo la advocación a la que se dedica en cada lugar, siendo en tierras de Palencia, “La de Garón”, al danzarse a la patrona local, camino de la ermita de Nuestra Señora de Garón en Antigüedad (donde goza de gran fama), mientras que en Villahán de Cerrato es la “Danza de Santa Marina”. En Soria adquiere el curioso nombre de “La levadura” del pueblo de Espejón, en honor a la Virgen de Brezales. En otros términos generales los dulzaineros burgaleses o segovianos la denominan la danza sencillamente, la contradanza o la mudanza. Marazuela a partir de los años veinte del pasado siglo empezó a denominar esta pieza La Pinariega o “del Henar”, por ser este santuario uno de los más concurridos en donde se interpretaba -e interpreta- y por ser esta comarca de pinares, extendida por Burgos, Soria, Segovia y Valladolid donde mayor popularidad ha alcanzado junto al Cerrato. Algunas de sus partes se conocen en tierras aragonesas.

La danza está compuesta por múltiples fragmentos musicales, muy completos y redondos, algunos muy elaborados y de carácter netamente afandangado e incluso aflamencado, lo que ha llevado a algunos musicólogos a situar esta pieza como de origen andaluz, aunque hemos de respetar un repertorio local al menos extendido en nuestra zona durante varios siglos si vemos el desarrollo del fandango desde el XVIII y no se puede olvidar la gran tradición de bailes afandangados en nuestra región. Realmente es una suite (Suite del Cerrato denominaba el gran dulzainero palentino -de origen burgalés- Julio Cuesta a esta melodía en los años cincuenta, cuando transcribió una variante de la danza denominada “La bolera” de Hérmedes de Cerrato) de melodías con aires de jota o de fandango que sobre un patrón rítmico de fandango se van acoplando, hiladas, diferentes melodías que se denominan mudanzas, repeticiones que dependiendo de la destreza de los dulzaineros aparecen en mayor o menor número, más o menos complejas, modernas o con tintes más antiguos, populares o de propia composición.

Olmeda anota de este tipo de piezas tan elaboradas y enrevesadas que “En esta danza, pues, tocan los gaiteros esa larga pieza que burdamente llaman el remeneo, enteramente moderna, que no tiene ningún lance, malamente fraguada con retazos del fandango andaluz, de la jota aragonesa, etc…” (F. Olmeda, Cancionero Burgalés, 1902 p. 135). M. Manzano solo indica que algunos pasajes pertenecen a uno de los populares intermezzos de Las Bodas de Luis Alonso, de Jerónimo Jiménez, estrenada en 1897.

Es una pieza compleja, que exige un cierto dominio del instrumento y aguante en la embocadura. La Pinariega se basa en un ritmo ostinato del redoblante sobre el que el gaitero desarrolla toda una variada gama de recursos dentro de un viejo modo diatónico que ofrece analogías con los fandangos del siglo XVIII que van más allá de la mera coincidencia casual y en donde a vuela pluma reconocemos algunos pasajes de los fandangos del padre Soler (1729-1783), en el fandango en modo dórico de Scarlatti (1685-1757) o en el fandango de Santiago de Murcia (1732).

A partir de aquí se irían desarrollando danzas de arcos, de espadas, paloteos, danzas de cascabel, de gitanos y gitanas, de panderetas, de zancos, etc. que irán desapareciendo a medida que nos asomamos al siglo XX. Una melodía obligada en todo el territorio nacional para las procesiones y la liturgia de la misa es la melodía de la Marcha Real o himno nacional, como se denomina actualmente.





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