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Creencias y mentalidades

La mujer y el hombre • Ante las enfermedades • Ante las fuerzas de la naturaleza • Ante la muerte • Agradecimientos y demostraciones


Petición de la moza de ánimas (II). La Alberca (Salamanca)

Grabado por Antonio S. del Barrio al tío Tomas Hoyos en La Alberca el 21 de junio de 1984



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Fieles cristianos
acordémonos de la muerte y las benditas almas del purgatorio
con un padrenuestro y un avemaría
por el amor de Dios.
Y dan tres toques de campanas. Y luego dice la segunda estrofa:
Otro Padrenuestro y otro avemaría
por los que están en pecado mortal,
para que su Divina Majestad les saque de tan miserable estado.

Y dan otro toque en todas las esquinas del pueblo. Pues eso las señoras casadas, lo manda una. -¿Puedes mandarme a la esquila que tengo esta manda piadosa que me he encomendao a las ánimas?. Pa esto, pa otra y van por turnos. ¿Quién tiene la esquila?, luego hay otra esquila los primeros viernes de mes. Aquella no cantan nada, aquella nada más a la una de la mañana y salen todas las mujeres y van en todas las esquinas dalán, dalán, en el silencio de la noche todas las mujeres detrás, todos los primeros viernes del mes. Es recitado, están en la cama y dicen: -P´ahí va la esquila del mes, dicen, que se rece. Los días normales es al escurecer, según oscurezca.

EL FINAL EN LA TIERRA. EL HOMBRE ANTE LA MUERTE

Hasta hace pocos años, y entre la gente de edad se mantuvo esta costumbre de aferrarse al color negro en las vestiduras, en la tristeza de los actos y en la supresión de todo tipo de manifestaciones festivas. En tiempos más jóvenes, y cuando por las circunstancias de la vida era menester buscar nuevo casamiento, el luto a veces duraba un suspiro pues la necesidad de mantener una recua grande de hijos obligaba a adelantarlo en una madre joven. El luto por hermanos o sobrinos se aliviaba en unos meses, dos años o cinco por el marido dependiendo de la costumbre local y la edad de la contrayente que a veces se condenaba al negro de por vida. Al margen de vestir de negro, y el consabido teñido de la ropa de color, había que salir a la calle dando cuenta del nuevo estado, especialmente ellas, tocadas en la cabeza y torso con pañuelos, chales y mantillas. Incluso para los trabajos de fuera de casa había que gastar señales de luto, guardando la capa, la toca o el manto en los quehaceres del campo. Los lutos se manifiestan claramente con un cambio de comportamiento en el diario, la vida y los elementos visibles. El dolor, en las primeras semanas, obligaba a mantener esta compostura en el trabajo y no era raro ver a viudas yendo a segar tapadas con la mantilla o los hombres con capa dando vueltas al trillo en plena canícula en los primeros días del novenario de difuntos.

Ni me peino, ni me lavo, ni me pongo la mantilla
hasta que no venga mi novio de la guerra de Melilla.

Si te vas para Melilla avísame a mí primero.
para ponerme de luto hasta la cinta del pelo.

Malhaya la ropa negra y el sastre que la cortó,
tengo a mi amante de luto sin haberme muerto yo.

El día que te fuiste
para soldado,
puse la mantilla negra,
no la he quitado.

No me pondré ningún luto porque de quererme dejas,
me pondré vestido nuevo y repicará la iglesia.

Para qué me das pañuelo con la cenefa encarnada,
si sabes que estoy de luto que se murió mi cuñada.


Las diferentes piezas del ajuar: mantos, velos y mantellinas indicaban por su tamaño el tiempo trascurrido de luto. Se lucía en este tiempo “la gasa”, una mantilla alargada, fina, casi transparente en épocas más modernas y el medio manto o “pena”, que tocado por la cabeza se recogía con las manos al pecho cubriendo media espalda. Este medio manto debió ser originariamente de paño como conservan en La Alberca los mantos de viudedad llamados del “ventioseno”. Andando el tiempo ya se pintaban de motas blancas las telas oscuras, en un pañuelo, en un mandil o en una blusa y se acudía a algunas celebraciones, aunque fueran solamente la misa y la procesión.

Grande es la riqueza musical católica para estos tiempos: toques de campanas, danzas de la muerte, rezos, oraciones, ensalmos, novenas de ánimas y cantos petitorios de ánimas para liberarlas de su condena al estar penando sin alcanzar la salvación. La petición para las ánimas benditas se hacía acompañándose con calabazas huecas con una vela en su interior y otras veces eran nabos vaciados colocados en las esquinas o paredes y tapias del campo. Ritos llevados al otro lado del Atlántico que nos devuelven reencarnados en insulsas fiestas de disfraces. Sepulturas, paños de ofrendas, rezos, toques de difuntos durante toda la noche han dado un cierto aire tétrico al primer día de noviembre al margen de generar una gran cantidad de platos gastronómicos y viandas:

En los pueblos de Aragón, Valencia, Cataluña se rinde tributo a las Ánimas el día de todos los santos yendo a oír misa. Llevan roscas de harina y aceite con azúcar y miel por encima y un agujero central por donde se mete una vela. Dentro de la iglesia se enciende la candela y cuando acaban las vísperas la gente se pone la rosca en la palma de la mano, usando la otra de pantalla para que no se apague la vela y van camino del cementerio donde ponen la rosca encima de la sepultura y se sientan a su lado y rezan hasta que se extingue la vela y quema el azúcar. Enseguida se la comen sobre la tumba. A esta rosca se las llama almitas… (Enrique Casas Gaspar, Costumbres españolas de nacimiento, noviazgo, casamiento y muerte. Madrid, 1947).

Y en el Bierzo, en el oriente zamorano, en la Sierra de Salamanca, en la de Gredos, allí donde está presente el castaño aparece una de las fiestas más otoñales: el magosto, calvotada o moragada consistente en la merienda comunitaria de las castañas asadas al fuego acompañadas de licores o vino. Las hogueras servían también para calentar a las ánimas que volvían esos días poco a poco pues el día 28 de octubre regresaban las almas “los que murieron a causa de un accidente y nunca pudieron llegar a su destino”, o bien, “los que tuvieron una muerte repentina y violenta”; el 29 los ahogados; el 30 las ánimas solitarias y olvidadas que no tenían familiares que se acordasen de ellas, junto a los huérfanos y los criminales; el 31 los que están en el limbo o no recibieron el bautismo; el día 1 de noviembre se recibe a los niños y el 2 se recuerda a los difuntos adultos. Para todos ellos se pide por las calles una limosna para decir misas con las que sacar su alma de esa pena, tanto este día como otros estipulados en el calendario litúrgico.





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