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Creencias y mentalidades

La mujer y el hombre • Ante las enfermedades • Ante las fuerzas de la naturaleza • Ante la muerte • Agradecimientos y demostraciones


Rosario de la Buena Muerte. Villalcón de los Caballeros (Palencia)

Versión cantada por Asela Borge Burgos, Margarita Acero Fernández, Montse Valenceja Acero, Mari Paz Montero Toledo, Froilana Toledo Saldaña, Severina Fernández Miguel, Mari Bellota Pérez y Candelas Ballesteros Aguado y grabada por Carlos Porro en septiembre de 2010. Trascribimos además el resto del rosario conservado en el pueblo en un cuadernillo de hojas mecanografiadas conservadas en el pueblo



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Rosario de la Pasión de Jesús
Adoración a Dios.

Yo os adoro,¡oh! Dios mío, Creador del mundo que habitamos con la humildad y sumisión que me inspira vuestra divina presencia y tan soberana grandeza. Creo en Vos porque sois la misma Verdad y espero influyáis con María Santísima y su querido y amantísimo Hijo para que inundándome con vuestra Divina gracia sea yo predicadora de vuestro poder y grandeza; atraer a vuestro redil las ovejas descarriadas y que todos logremos la bienaventuranza para admiraros, adoraros y bendeciros en vuestra eterna gloria.

Primer misterio

Danos Señor buena muerte
por tu santísima muerte.
Por la jornada que hiciste del cielo al mundo a salvarnos.
Danos Señor buena muerte…
Por la humildad y pobreza con que naciste en Belén.
Danos Señor…
Por la sangre que vertiste cuando te circuncidaron.
Danos señor…
Por el dulcísimo nombre de Jesús que te pusieron.
Danos Señor….
Por la humildad con que fuiste en el templo presentado.
Danos Señor…
Por la abstinencia y ayuno que en el desierto guardaste.
Danos Señor…
Por el celo de las almas con que andabas predicando.
Danos señor…
Por la muy solemne entrada que hicisteis en Jerusalén.
Danos Señor…
Por la cena del Cordero que en el jueves celebraste.
Danos Señor…
Por lo liberal que fuiste al darnos tu cuerpo y sangre.
Danos Señor…
María Madre de gracia, Madre de misericordia
líbranos del enemigo en nuestra última hora.

Oración al primer misterio

¡Oh, Señor mío Jesucristo! ¡qué agradecido quedaré yo, vil gusanillo de los mortales por tanto beneficios, siendo tan pobre y miserable que me habéis sacado de la nada y disteis vuestra preciosa vida por mi rescate! Arrodillado ante tu presencia me atrevo a pediros la gracia de me concedáis el don de vuestro espíritu celestial para que olvidando las miserias del mundo os dedique con fe este primer misterio del santo rosario. Amén.

Segundo Misterio

Por la oración que en el huerto hiciste a tu eterno Padre.
Danos Señor, buena muerte.
Por el gran sudor de sangre que en tu cuerpo padeciste.
Por la grande mansedumbre con que dejaste prenderte.
Por la crueldad con que fuiste por los verdugos atado.
Por el tropel con que fuiste llevado a casa de Anás.
Por las injurias y oprobios que en tu presencia te hicieron.
Por la priesa y vilipendio con que a Caifás te llevaron.
Por la cruel bofetada que recibiste de Marco.
Por la aflicción con que fuiste presentado ante Pilatos.
Por los falsos testimonios que contra ti levantaron.
María, Madre de gracia…

Oración al segundo misterio
¡Oh, Señor mío Jesucristo! Yo que os adoro y venero con todo mi corazón y toda mi alma, qué feliz sería yo si pudiera lograr la dicha de que os habíais dignado a causa de mi sumisión y virtudes a mi íntimamente y tomar posesión de mi corazón para lograr amaros y adoraros en presencia de vuestra amantísima Madre, María Santísima, allá en la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Tercer misterio

Por lo ultrajado que fuiste a la presencia de Herodes.
Por los desprecios que oíste de este rey y sus privados.
Por la ignominia y desprecio con que volviste a Pilatos.
Por lo que en esta ida y vuelta te ultrajaron los soldados.
Por la burla y valimento de tus ojos soberanos.
Por los cinco mil azotes que en la columna te dieron.
Por el dolor que pasaste al coronarte de espinas.
Por los desprecios que oíste siendo sacado al balcón.
Por la sentencia de muerte que contra ti dio Pilatos.
Por la interior alegría que con la cruz recibiste.
María, Madre de gracia…

Oración al tercer misterio

¡Oh, gran Dios, Rey de los reyes! cuya gloria celestial poseéis con vuestra amantísima y Santísima Madre, María Santísima, qué dicha sería para mi que por vuestras virtudes mereciera ser todo corazón para amaros y glorificaros y pagaros tantas deudas como os debemos los mortales por la remisión de nuestros innumerables pecados. Amén.

Cuarto misterio

Por la fatiga y congoja que con la cruz padeciste.
Por las caídas que diste hasta llegar al Calvario.
Por la vergüenza y dolor que tuviste al desnudarte.
Por el horrible tormento que pasaste al enclavarte.
Por las blasfemias que oíste al poner la cruz en alto.
Por la sed que padeciste en tu boca soberana.
Por el amargor que en ella dejó la hiel y vinagre.
Por la promesa que hiciste del paraíso al ladrón.
Por el perdón que pediste para todos tus contrarios.
Por la aflicción y congoja que al expirar padeciste.
María, Madre de gracia…

Oración al cuarto misterio

Adorabilísimo Jesús, mi Dios y Señor de cielo y tierra. ¿Qué puedo yo hacer delante de Vos sino amaros, adoraros y bendeciros por tantos favores que nos habéis hecho a todos los mortales? Yo os adoro, ¡oh! Santo Dios y os ofrezco no pecar en recompensa de vuestra Sagrada Pasión y Muerte y los dolores de vuestra Santísima Madre para hacerme digna de que me deis esa gloria que tanto deseo para bendeciros, alabaros y gozar a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amén.

Quinto misterio

Por la llaga que te abrieron en tu pecho sacrosanto.
Por aquella sangre y agua que por ella derramaste.
Por las penas y amarguras de tu Santísima Madre.
Por la aflicción que pasó viéndote muerto en sus brazos.
Por el dolor que sintió al verte en la sepultura.
Por las angustias y penas que en su soledad pasó.
Por tu muerte y sepultura. Danos, Señor, buena muerte.
Por tu santa resurrección. Danos, Señor, buena muerte.
Por tu admirable ascensión. Danos, Señor, buena muerte.
Por la gloria que posees, a la diestra de Dios Padre.
Danos, señor, buena muerte.
Amoroso Jesús de la Misericordia.
Danos, Señor, buena muerte.

Oración al quinto misterio

Señor mío Jesucristo, bondadoso y amantísimo Señor, Hijo del Eterno y de vuestra queridísima Madre, la Virgen María, yo os pido y suplico me perdonéis todas mis culpas por el amor y arrepentimiento que estoy poseído y por la fe con que os dedico estos cinco misterios de vuestra Pasión y Muerte y por los agudísimos dolores que pasó vuestra Madre Santísima para tener la dicha de alabaros, bendeciros y adoraros como os adoran y alaban los ángeles, arcángeles y serafines del cielo, por siempre jamás. Amén.

Jesús amoroso dulce Padre mío.
Pésame Señor de haberos ofendido.

En el huerto orando por mi amor rendido.
Pésame, Señor de haberos ofendido.
Retrato de penas, en la columna ha sido.
Pésame, Señor…
Bella flor del campo, coronado lirio.
Pésame, Señor…
Clavel disciplinado, llagado y escupido.
Pésame, Señor…
De atrevida mano, tu bello rostro herido.
Pésame, Señor…
Con la cruz a cuestas tus hombros oprimidos.
Pésame, Señor…
Por mis graves culpas en tierras has caído.
Pésame, Señor…
Divino Ecce Homo en la cruz tendido.
Pésame Señor…
Mi dulce Jesús con la lanza herido.
Pésame Señor…
En la cruz ya muerto, tú eres descendido.
Pésame, Señor…
De tu triste Madre fuiste recibido.
Pésame, Señor…
Padre mío de mi alma, piadoso y benigno.
Pésame Señor…

En León capital así como en la localidad de Villamañán este canto acompaña una de las conocidas procesiones de la Semana Santa de los papones o cofrades en lo que popularmente llaman la procesión del “Dainos” por la deformación del vocablo dadnos que se repite continuamente en el responso de cada misterio. Se organiza el Domingo de Ramos al atardecer en la Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo de la Expiración y del Silencio siguiendo la antigua costumbre de la Venerable Orden Tercera Franciscana formada por seglares.

EL FINAL EN LA TIERRA. EL HOMBRE ANTE LA MUERTE

A pesar de esa esperanza postrera, una constante del hombre en su caminar por la vida ha sido la prevención y búsqueda de la protección a toda costa en su estancia terrena. Especial interés se pone en la preparación de su marcha desde aquí al otro mundo, más temprana o más tardía, para que sea lo suficientemente holgada y bien dispuesta para dejar todo ordenado y evitar tormentos y reclamaciones posteriores que pudieran alargar innecesariamente el camino hasta el edén prometido.

El cumplimiento al detalle de la doctrina católica en nuestro caso, hacía de la misma el manifiesto claro para llegar sin problemas a los cielos. Aun así, el hombre en los tropiezos del diario recurre a diferentes estrategias para sobrellevar ese compromiso de correcto comportamiento. El hombre reza, se confiesa cuando es necesario, da limosnas que acrecientan su estima religiosa, ofrece sus bienes como donativo a la Virgen o al santo de su devoción. Pero el final siempre llega antes o después.

“Poco mal y buena muerte” es una máxima repetida hasta la saciedad por nuestros antepasados en el recuerdo de lo doloroso del cuerpo. El miedo al dolor y a las fatigas aumenta con la edad y es una constante a medida que se acerca nuestra última hora ante el temor a una muerte dolorosa y prolongada en el tiempo. Se busca remediarlo con oraciones y rezos, ofrecimientos de misas a las imágenes que nunca faltan en las ermitas y parroquias de nuestros pueblos bajo los apelativos del Cristo del Amparo, de la Salud, de la Expiración, de la Buena muerte o de la Agonía. A lo largo de la vida y especialmente en la Semana Santa se rezaba y aún se canta en algunas localidades el llamado Rosario de la Buena Muerte propio de estos momentos de angustia final.





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