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Creencias y mentalidades

La mujer y el hombre • Ante las enfermedades • Ante las fuerzas de la naturaleza • Ante la muerte • Agradecimientos y demostraciones


El responsorio de san Antonio. Navalmoral de la Sierra (Avila)

Grabado a Pilar Taranco de 61 años de edad en su pueblo por Carlos del Peso Taranco y Carlos Porro el 7 de diciembre de 1993



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Si buscas milagros, mira:
muerte y horror desterrados,
miseria y demonio huidos,
leprosos y enfermos sanos.
El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados,
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.
El peligro se retira,
los pobres van remediados;
cuéntenlo los socorridos,
díganlo los paduanos.
El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados,
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.
Gloria al Padre,
gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo.
El mar sosiega su ira
redímense encarcelados,
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.
Ruega a Cristo
por nosotros,
Antonio glorioso y santo,
para que dignos así
de sus promesas seamos.
Amén.

EL HOMBRE ANTE LAS FUERZAS DE LA NATURALEZA

El fuego descontrolado, un terremoto, los vientos huracanados, el pedrisco, la lluvia copiosa y las riadas o por el contrario la sequía y otros efectos de demostración del poder de la naturaleza también inquietaban al hombre tanto como el estar a bien con Dios.

Las fuerzas airadas de una naturaleza desatada podían acabar y aún acaban como sentimos con las cosechas, con los hogares, arrasando con la vida de los pueblos y sus animales. En ese deambular por el mundo en los rosarios que se rezaban en La Montaña siempre se echaba una jaculatoria final por los navengantis de mar y tierra en previsión de lo que se pudieran hallar en su camino, especialmente por los frágiles marineros ante la vorágine de una tempestad.

Una de las oraciones más conocidas y utilizadas por “los rezadores” o personas encargadas de mirar por la salud de hombres y animales, evitar aojamientos y padecimientos, era el responsorio que se “echaba” en todo tipo de situaciones de peligro. El responsorio de san Antonio servía como defensa ante peligros de muy diversa procedencia y su rezo, detrás de una puerta y en silencio, sin que nadie lo oyera y de un tirón, sin equívoco alguno, era el remedio más eficaz para el hallazgo de los animales perdidos en el monte y alivio rápido contra algunas de sus enfermedades.





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