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Creencias y mentalidades

La mujer y el hombre • Ante las enfermedades • Ante las fuerzas de la naturaleza • Ante la muerte • Agradecimientos y demostraciones


Las doce palabras. Val de San Lorenzo (León)

Versión recitada por Dolores Fernández Geijo de 61 años de edad, natural de Val de San Lorenzo. Grabación realizada en 15 de enero de 1983 por José Manuel Fraile Gil, Paloma Díaz Mas y Antonio Gil



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Una antes decían que no se podía mirar al espejo de noche, la gente. ¡Ay! no. Siendo moza yo no me miraba que era el diablo, decían que te llevaba el diablo. ¡Ay! pues que no te mirabas aunque estuvieras deseando y entonces cuenta la leyenda que aquí una maragata que se peina con un moño que llaman de picaporte, no sé, ¿sabéis cómo es?
entonces se peinó el día la víspera pa estar peinada pa la fiesta, pal día siguiente pa una fiesta y claro, se puso a dormir boca abajo en la mesa para no despeinarse; después de una camellada y se fue a mirar al espejo a ver si se había deshecho y según se fue a mirar, ¡pues el diablo! Y le dijo que la llevaba pal infierno y le dijo que no la llevara. Y le dijo que: -¡Si me dices las trece verdades no te llevo, pero dime las trece.
-Las trece verdades te las diré que bien las se.
Las trece verdades,
los doce apóstoles,
las once mil vírgenes,
los diez mandamientos,
los nueve meses,
los ocho gozos,
los siete dolores,
las seis candelitas,
las cinco llagas,
los cuatro evangelistas,
las tres Marías,
las dos tablas de Moisés
donde puso Jesucristo los pies
uno y trino,
por los siglos de los siglos. Amén.

EL HOMBRE ANTE LAS ENFERMEDADES. PROTECCIÓN Y PREVENCION DE LOS SUYOS, DE SU GANADO Y SUS TIERRAS

El poder de la palabra, si además viene de Dios o de los santos ejerce siempre una acción relajante y efectiva en el subconsciente si además se acompaña de gestos estudiados y ritualizados: arrodillarse, ponerse en cruz, santiguarse, trabar entre sí los dedos o juntar la manos son actos existentes en todos los ámbitos religiosos no solo los cristianos. La rima y el verso es más efectiva cuanto más se repite, entrando en una recurrencia que sirve para memorizar rápidamente el texto a partir de movimientos o gestos monótonos y que envuelven en algunos casos a la persona en una especie de éxtasis o aislamiento mental como los mantras, las salmodias o algunos temas enumerativos que como fórmulas ejercen ese poder de concentración y de abstracción. Algunos de estos textos enumerativos -y entramos en el campo de la numerología mágica y el misticismo- y por tanto repetitivos se han tradicionalizado de tal manera que se cantan o bailan en las fiestas o en reuniones familiares alejadas muchas veces de esa función protectora que en origen tuvieron. Uno de los más llamativos, por las variantes y lo habitual en toda España -y fuera de aquí también- es la canción de “las doce palabritas dichas y retorneadas” que se reza, se canta o se corea en tiempos de trabajo, como ronda navideña o entretenimiento en los viajes.

Estas enumeraciones, retahílas “a lo divino” funcionaban como consejos y fórmulas cristianas -o no, dependiendo de las tradiciones y la religión imperante en otros lares, habida cuenta de la popularidad de las mismas- y escondían, como muchas oraciones religiosas la virtud de protección contra el Maligno que siempre acecha. El mismo rezo de los misterios o las letanías del rosario, que ocupan la mente en devaneos memorísticos y enumeraciones mágicas tiene como fin esa protección que puede ser habitual -con el rezo diario- o puntual en los momentos críticos de la vida: un suceso luctuoso, una tormenta, un naufragio, etc. En ese tiempo la antigua tradición celta protegía a sus deudores mediante la utilización de la formulación y paralelismo de la numerología puesta en relación con determinados elementos del otro mundo, de la naturaleza, de la divinidad abstracta, etc. En la raíz judía, por la cercanía a nuestra tradición, se encuentra también el tema de “las doce palabritas” que con esa función –ya de entretenimiento y refuerzo de la memoria en los últimos siglos- aún alcanzó a servir de protección y salvaguarda a los fieles cristianos pudiendo enderezar su vida aquellos que las sabían, en las ocasiones en las que pudieran ser tentados por el diablo.

En tal creencia añadimos el detalle del espejo en esta narración maragata que sigue, aparejo que brilló por su ausencia en la cotidianeidad en muchas casas hasta tiempos no tan alejados. El espejo, aparece como reflejo del inframundo en la cuentística antigua, llave de paso al otro mundo y boca de entrada a mil y una maravillas de la imaginación, elemento imprescindible en muchos cuentos tradicionales de todos conocidos, aunque sea tan solo ya por el repinte de la pantalla de las películas infantiles al uso, que cual telón de fin de obra, aplasta la imaginación de los niños o cuando menos se lo dan todo hecho.

La referencia a “las trece palabras” se observa aún en algunas versiones castellanas, raras, y en los relatos mágicos que refieren este tema dentro del obscurantismo místico, utilizado como jaculatoria que podría salvar la vida. La tradición cercana recuerda cómo el tema se establecía en diálogo entre el enfermo y el sanador, que iba preguntando una a una las palabras.





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