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Creencias y mentalidades

La mujer y el hombre • Ante las enfermedades • Ante las fuerzas de la naturaleza • Ante la muerte • Agradecimientos y demostraciones


La cena de la novia. Urueña (Valladolid)

Versión cantada por el señor Hipólito Rodríguez de 75 años de edad. Grabado por Joaquín Díaz en Urueña en 1993



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La cena de la novia
la regalaron la primer noche
una perdiz por ser tan bella;
la segunda noche la regalaron
dos tórtolas y una perdiz por ser tan bella;
a la tercera tres palomas blancas,
a las cuatro, cuatro alares
a las cinco,… no
doce estacazos de culo,
once pellejos de vino
diez fanegas de trigo,
nueve jatos jatudos,
ocho carneros carnudos,
siete capones capudos,
seis gallinas gallinares,
cinco alares,
cuatro azares,
tres palomitas blancas,
dos tórtolas
y una perdiz por ser tan bella.

Y empiezas al revés y vas repitiéndolo, repitiéndolo. Empiezas con la perdiz, las dos tórtolas, las tres palomitas blancas, hasta que llegues a las doce noches, pues doce estacazos de culo.
La música empezaba: -¡La cena de la novia la primer noche por ser tan bella! y empezaban los demás a cantar, o sea que yo se lo oí a su abuelo y al padre, cuando se casaban se ponía detrás cuando estaban comiendo en el comedor y los otros y el otro salía y la cantaba desde fuera y los otros contestaban…

LA MUJER Y EL HOMBRE. LA SOLEDAD Y LA COMUNIDAD

En este aparente avance social de la pareja, de la entidad unitaria se pasa al matrimonio y a la familia y de ahí a otro ente aglutinador mayor que es el pueblo. En él, aparecerán otros tipos de agrupaciones bajo diversos epígrafes y circunstancias: las hermandades o cofradías que vuelven a reunir en sociedades religiosas o civiles esta vez a los casados, el concejo y la cámara agraria o el casino, a todos los que antes aparecían en el bando de los solteros o en la sociedad “de mozos”. En estas agrupaciones también los solteros disponían de normas en algunos casos escritas y supervisadas por el alcalde de mozos, en donde se estipulaba el desarrollo del grupo frente al resto de la sociedad. Así se trataba la defensa de sus intereses y aceptación de responsabilidades o dar la bienvenida a los nuevos mozos con un ritual de entrada muy diverso a lo largo de la geografía española, en el que habían de demostrar su destreza en el baile o en el cante e invitar a vino a los demás, en lo que se conocía como “la entrada a mozo” o el pago de la cántara. Entre las obligaciones de los jóvenes estaba la de enramar las calles los días de la fiesta, rondar a las mozas, cumplir con la ayuda de los vecinos, organizar algunos eventos de la fiesta y participar en ellos y cantar dentro de los ciclos pertinentes los repertorios propios de la tradición: las marzas, la enhorabuena de la boda o los romances de navidad del día de Reyes para pedir el consabido aguinaldo.

También tenían ocasión en carnaval de sacar coplas que coreaban todos en unión, como esta tonada propia de la sociedad de mozos de La Maya (Salamanca) popularizada en extremo por el grupo Mayalde:

En el pueblo de La Maya
unos cuantos calaveras
han hecho una sociedad
y en la junta han acordado
que el que aqueste vino beba
no se vaya sin pagar.
Pues no está bien,
que seas flojo y mal bebedor
que vayas a ninguna parte
a deshonrar a nuestra asociación.

La primera de las normas
que de doce meses justos
que dicen que tiene el año
tienes que llegar a casa
lo menos trescientas veces
completamente borracho.
Pues no está bien…

La segunda de las normas
que aquél que lleve corbata
pagará un tanto más;
quien lleve barba o bigote
llevará vaso de casa
y si no, no beberá
Pues no está bien…

La tercera de las normas
que de un vaso de vino
beberás sin respirar
y si no se lo bebiere
en presencia de un jurado
ese ya no volverá.
Pues no está bien…

Y la cuarta de las notas
que cuando llega el momento
sufrido de pagar
todos como un solo hombre
echaran mano al bolsillo
dispuestos a liquidar.
Pues no está bien…


El matrimonio, las cofradías y el ayuntamiento serán los ejes en torno a los cuales girará la vida comunitaria de las familias. Sobre ellos, el estado y la Iglesia, que especialmente administrará y acaparará todo el referente oficial de los ritos y creencias de los que no obstante los parroquianos se habían ocupado de aderezar y recomponer a su estilo, siguiendo los gustos y las tradiciones locales, herencia de un mundo pagano en lo que conformarán un amplio y rico muestrario de artes, melodías, supersticiones, ritos, danzas y mitos resultado de esta forma de entender y actuar.

Esa dependencia de algo superior al propio ser humano, es la creencia derivada de la debilidad evidenciada por la necesidad y la fragilidad de un cuerpo sometido a fatigas, hambres o enfermedades. Esa subordinación regulaba la dicha del hombre en la tierra y buscaba el amparo y descanso de este mundo, donde todas las religiones se han encargado de manifestar la felicidad plena y el bienestar final en la ansiada “otra vida”.





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