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Creencias y mentalidades

La mujer y el hombre • Ante las enfermedades • Ante las fuerzas de la naturaleza • Ante la muerte • Agradecimientos y demostraciones


Ronda de contestación de Aguasal (Valladolid)

Cantada por Pedro Sanz de 80 años y Arsenio Rincón de 74 años de Aguasal y grabado en Olmedo por Estela Martínez García y Carlos Porro el 3 de agosto de 2005



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Arrimaros mocitos, aquí que hay sombra
a la revoladilla de esta paloma;
de esta paloma, niña, de este pichón
arrimaros, mocitos, que aquí estoy yo.

Compañero cantar bien,
que es mi prima la doncella,
y tengo la obligación
de mirar siempre por ella.
Si tienes la obligación
de mirar siempre por ella
más obligado estoy yo
que me he de casar con ella.
Eso si que no lo pienses
que si llegara a pasar
el día menos pensado
te tendría que matar.
Vaya un mocito valiente
casi me quiere pegar
y cuatro o cinco como él
es preciso pa almorzar.
Ponte en contacto conmigo
y vámonos pa la era
y veremos de los dos
la dama quien se la lleva.
La manta tengo al hombro
y la espada la cogeré
y si me apuras un poco
la sangre te beberé.
Pues ahí tienes a tu prima
si la quieres de verdad
pues hay mozas en el pueblo
para poderme casar.
Nosotros nos vamos
y tú te quedas,
tumbadita en la cama
como una reina.

LA MUJER Y EL HOMBRE. LA SOLEDAD Y LA COMUNIDAD

Otra modalidad eran las denominadas “contrarrondas” o rondas de contestación o desafío, en las que alternaban al canto dos hombres simulando un pique -que en tiempos fuera real- entonando diferentes letras que enaltecían los ánimos en una pugna por lograr la misma dama.

Este canto rondador de notas ricas y muchos matices con una parte coreable de grupo a la entrada y a la salida del tema, fue común en las tierras vallisoletanas y en las segovianas. Frecuentemente en la zona del Carracillo segoviano, los pinares vallisoletanos de Megeces, San Miguel del Arroyo y el alfoz de Olmedo (Puras, Fuenteolmedo, Llano de Olmedo, etc) las rondas quedaban inmersas en un ritual específico marcado en días señalados y dentro de un canto determinado, un estilo de ronda que solían denominar “despedidas”. El estilo y la forma es la misma en la que el maestro Marazuela interpretaba algunos de sus temas y que recoge García Matos para La Nava de La Asunción en Segovia también, dándose el caso de que estas tonadas conservan un estribillo que corean todos los mozos, dejando paso a un solista que interpreta tres cuartetas a la ventana de cada moza y otra más de despedida. Generalmente esas “despedidas de ronda” se dedicaban en primer lugar a la Virgen, cantando los mozos la primera tonada a la puerta de la iglesia en señal de respeto, recorriendo a continuación las casas de las solteras del lugar a la voz de: -¡Hale, a las ventanas!

Para empezar a cantar
a la puerta de la iglesia
nos pondremos de rodillas
y hagamos la reverencia.
La Virgen es pequeñita,
pequeñita y milagrosa,
en la cruz de su corona
se paran las mariposas.





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