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Creencias y mentalidades

La mujer y el hombre • Ante las enfermedades • Ante las fuerzas de la naturaleza • Ante la muerte • Agradecimientos y demostraciones


Rondas de Fuenteolmedo (Valladolid)

Canta Emilio Minguela de 67 años de Fuenteolmedo. Grabado en Olmedo por Estela Martínez García y Carlos Porro el 3 de agosto de 2005



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Abre el cuarteroncito
de tu ventana,
que quiere entrar el cuerpo
donde está el alma.
Despierta si estás dormida,
y si no duermes ¿qué haces?
mira que te están quitando
de la parra los agraces.
De la parra los agraces
no me los pueden quitar
porque tengo yo un amante
que los puede guardar.
Las tejas de tu tejado
sobresalen unas de otras
así sobresales tú
cuando vas entre las mozas.
En la esteva de mi arado
te llevo retratadita
con la sangre de mis venas
mancha que nunca se quita.
Eres alta y buena moza
pero no presumas tanto
que también las buenas mozas
se quedan pa vestir santos.
Y nosotros nos vamos
y tú te quedas,
sentadita en la cama
como una reina.

Otras letras:

Arrimaros, mocitos, aquí que hay sombra
a la revoladita de esta paloma
de esta paloma, niña, de esta paloma
arrimaros mocitos, aquí que hay sombra.

Eres alta y delgadita
como mimbre de ribera
de las mozas de este pueblo
tú te llevas la bandera.
Capullito, capullito
ya te vas volviendo rosa
ya se va llegando el tiempo
de decirte alguna cosa.
Aquí me pongo a cantar
a la sombra de la luna
con el fin de bien llevar
de las tres hermanas una.
Yo no quiero a la pequeña
ni tampoco a la mayor
pues me gusta la del medio
que me roba el corazón.

LA MUJER Y EL HOMBRE. LA SOLEDAD Y LA COMUNIDAD

El canto sentido y melismático, aparece también en los tiempos del amor. El mozo galante engola la voz, afina la garganta e intenta ese lucimiento que hará de sus requiebros la galantería a la muchacha, que desde la puerta o la ventana atiende a los requerimientos. Arropado a veces por otra cuadrilla de mozos, en muchas otras ocasiones era él solo, sin más compañía quien alegraba esos momentos de silencio nocturno.

Muchas rondas no estaban fijadas de antemano, toda vez a la salida de los mozos de la taberna o con motivo especial de una boda. Otras empezaban en el tiempo bueno, para primavera y se desarrollaban en días estipulados por la costumbre, los jueves y sábados como nos contaba Dolores Fernández Geijo en el Val de San Lorenzo (León) o estas, en concreto, que empezaban en el mes de abril o mayo y que solían cantarse la víspera de la Ascensión y del Corpus:
La víspera de San Marcos
empezamos a cantar;
el domingo sacramento
-el siguiente al Corpus-
lo volvemos a dejar.





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