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Creencias y mentalidades

La mujer y el hombre • Ante las enfermedades • Ante las fuerzas de la naturaleza • Ante la muerte • Agradecimientos y demostraciones



Sufrir callando. Santiago de la Requejada (Zamora)

Tonada de la siega de la yerba. Navalmoral de la Sierra (Avila)

Rondas de Fuenteolmedo (Valladolid)

Ronda de contestación de Aguasal (Valladolid)

Rondas de Gomezserracín (Segovia)

Nana y cuento de Bustillo del Oro (Zamora)

La lechera. Terradillos de Templarios (Palencia)

La enhorabuena de la boda. Quintanarraya (Burgos)

Enhorabuena de la boda. Rebanal de las Llantas (Palencia)

La cena de la novia. Villarrodrigo de la Vega (Palencia)

La cena de la novia. Bustillo del Oro (Zamora)

La cena de la novia. Urueña (Valladolid)

La bendición del pan. Burbia (León)

La regla de san Benito en Zamora

Petición para la Virgen de los Remedios de Fuentes de Nava (Palencia)

Dos oraciones para acostarse. Vallarta de Bureba (Burgos)

Oración para los viernes. Abastas (Palencia)

Oración al acostarse. Abastas (Palencia)

Yo tengo un escapulario. Abastas (Palencia)

Oración para el día de la Anunciación. Abastas (Palencia)

Las brujas de Fuensaldaña (Valladolid)

Las brujas de Villabrágima (Valladolid)

Las brujas de Burbia (León)

Las doce palabras. Val de San Lorenzo (León)

Las doce palabritas. Berzosa (Soria)

Las doce palabras. Villalba de la Lampreana (Zamora)

Las doce palabritas. Cervera de Pisuerga (Palencia)

Las doce palabras. Villoria (Salamanca)

Las doce palabras. Padornelo (Zamora)

Las doce palabritas. Arrabal de Portillo (Valladolid)

Las doce palabritas. Gallegos de Hornija (Valladolid)

Las doce palabras. Pesquera de Duero (Valladolid)

Las doce palabras. La Puebla de Montalbán (Toledo)

Las doce palabras. Villaeles de Valdavia (Palencia)

Las doce palabras. Versión II de Villaeles de Valdavia (Palencia)

Las doce palabritas. Salas de los Infantes (Burgos)

Las doce palabras. Astudillo (Palencia)

Las doce palabras. La Mudarra (Valladolid)

Las doce palabras. Hinojal (Cáceres)

Las doce palabritas. Serranillos (Avila)

Las doce palabritas. Castrojimeno (Segovia)

El responsorio de san Antonio. Navalmoral de la Sierra (Avila)

Rogativas a la Virgen del Almuerzo de Narros (Soria)

Campana para el tente-nube. Bercianos del Páramo (León)

Súplica al Cristo de San Felices de Becerril de Campos (Palencia)

Rogativas a la Virgen de la Antigua de Becerril de Campos (Palencia)

Danza de palos “Cristo de San Felices”. Becerril de Campos (Palencia)

Gozos a san Emeterio y san Celedonio. Gallinero (Soria)

Gozos de san Antonio. Remondo (Segovia)

La Virgen y el pastor. Serranillos (Avila)

La Virgen y el pastor. Villanueva de Avila (Avila)

Procesión de Viernes Santo. Cervatos de la Cueza (Palencia)

Clarín de la procesión de Viernes Santo. Sahagún de Campos (León)

Subasta de los banzos de la Virgen del Rosario y entradilla. Castrojimeno (Segovia)

Subasta de los banzos de san Sebastián. Navafría (Segovia)

Subasta de los banzos de la Virgen del Pinar de Torrecilla del Pinar (Segovia)

El ramo. La Póveda de Soria (Soria)

Ramo a la Virgen del Dado. Cabreros del Río (León)

Cantares de la cinta en la romería a la Virgen del Dado. Cabreros del Río (León)

Peticiones de Cuaresma. Castrojimeno (Segovia)

Rosario de la Buena Muerte. Villalcón de los Caballeros (Palencia)

La llegada de la última hora. Valladolid

Toque de difuntos. Santa Cristina de la Polvorosa (Zamora)

Requiem del oficio de difuntos. Remondo (Segovia)

Las plañideras. Baltanás (Palencia)

Petición de la moza de ánimas (I). La Alberca (Salamanca)

Petición de la moza de ánimas (II). La Alberca (Salamanca)

Despedida de la novena de Ánimas. Rebanal de las Llantas (Palencia)

Introito. Fariza de Sayago (Zamora)

Kyries. Fuentespreadas (Zamora)

Kyrie de la misa pastorela (I). Macotera (Salamanca)

Kyrie de la misa pastorela (II). Macotera (Salamanca)

Gloria. Guarrate (Zamora)

Credo de la misa pastoril. Burgos

Credo. Fariza de Sayago (Zamora)

Credo y dirigatur de la misa solemne. Palacios del Arzobispo (Salamanca)

Acompañamiento de tambor de la cofradía y credo de la Misa solemne. Rebanal de las Llantas (Palencia)

Sanctus de la misa de Simeón

Sanctus y benedictus de la misa antigua. Villalcón de los Caballeros (Palencia)

Sanctus, benedictus y agnus Dei. Fuentespreadas (Zamora)

Sursum corda. Fuentespreadas (Zamora)

Bendición y despedida. Fariza de Sayago (Zamora)

Kyrie y gloria de la misa de dulzaina. Segovia

Kyrie y gloria de la misa pastorela. Remondo (Segovia)

Gloria de la misa pastoril de Melgar de Arriba (Valladolid)

Baile de los pastores. Braojos de la Sierra (Madrid)

Entrada en la iglesia de los pastores para la Pastorada. Mayorga de Campos (Valladolid)

La Virgen sagrada. Pinarnegrillo (Segovia)

Volteo de campanas y procesión a la Virgen del Almuerzo. Narros (Soria)

Danza de la Virgen o de la procesión de la ribera de Burgos y Valladolid

Paloteo “la Virgen María”. Fuentes de Nava (Palencia)

La Marcha real al alzar. Pedrajas de San Esteban (Valladolid)

La Marcha real para la procesión. Versión de flauta y tamboril maragatos

La Marcha real. Moveros de Aliste (Zamora)

Versión de acordeón de la Marcha real. Villalcón de los Caballeros (Palencia)

Al alzar con rabel. La marcha real

Paloteos. Ceinos de Campos (Valladolid)

Diana, pasacalles y procesión. Laguna de Negrillos (León)

Procesión del Ole. Frómista (Palencia)

El vítor de santo Toribio. Mayorga de Campos (Valladolid)

Vítor a la Inmaculada Concepción. Nava del Rey (Valladolid)

Poesía a la Virgen de la Inmaculada Concepción. Nava del Rey (Valladolid)

Poesía a la Virgen de la Inmaculada Concepción. Nava del Rey (Valladolid)

Las creencias y la mentalidad

Desde los albores de la humanidad el individuo necesitó creer en algo superior a él. Las distintas culturas y civilizaciones que han ido dejando su huella en la historia confirman la idea de que un ser o una fuerza más elevados controlaban y juzgaban al ser humano y sus hechos. De esas fuerzas ya se ha hablado en alguno de los apartados anteriores, porque muchas veces el hombre las personalizó o las encarnó en animales o motivos de la naturaleza. Mitos de todas las épocas reflejan las obsesiones y necesidades de nuestros antepasados que se plasmaban en leyendas acerca del origen de nuestra especie, relataban sus presuntos pecados, narraban el castigo infligido por ellos y creían posible la regeneración a través de un sacrificio o por medio de la venida a la tierra de un dios. El diluvio, el fin del mundo, el más allá, son ideas que perpetúan todavía hoy antiguas creencias de cuyo origen y desarrollo es responsable el ser humano con toda su carga de sueños, de esfuerzos y de preocupaciones. Muchas de esas creencias han llegado al pensamiento actual desprovistas del significado y simbolismo que tuvieron, por eso no es de extrañar que su identificación sea dificultosa hasta para los expertos. Sin embargo en antiguas oraciones, en conjuros, en costumbres aún vigentes puede vislumbrarse la importancia que en otras épocas tuvieron determinadas convicciones y su traducción puntual a términos de expresión popular. Muy pocas personas de las que hoy leen un horóscopo se figuran la afición que en tiempos no tan lejanos despertó la adivinación del futuro por medio de los astros, de las cartas o de otros signos. Los almanaques y pronósticos perpetuos trajeron hasta nuestros días la idea de que la libertad del individuo estaba condicionada por un ser superior y por un determinismo fatal. Pero la afición hacia esas previsiones o vaticinios no se ha perdido. Cada uno cree en unas fórmulas o en otras –o finge no creer en ninguna– pero el resultado es que la curiosidad por el destino que pueda aguardarnos o por la suerte que nos depare el futuro sigue siendo muy grande, hasta en los más escépticos.



En cuanto la sociedad se organizó para fiscalizar y regular la vida del individuo en colectividad surgieron las primeras formas de religión que dictaban normas de comportamiento de acuerdo con un concepto ético o un principio moral. Todas las religiones han perseguido como objetivo prioritario la regulación comunal de un razonamiento individual, cual es el de responder interiormente a la necesidad de una referencia superior en la vida y en la muerte. Ese complejo entramado de reglas, normas, relaciones y referencias ha permitido al ser humano situarse en el plano terrenal con unas aspiraciones razonables de elevarse a otros planos más dignos y duraderos.

Tres podrían ser las fuentes en las que bebieron hombres y mujeres del medio rural en lo que a conocimientos religiosos y creencias se refiere: las que hundían su venero en las épocas paganas, las paganas que se cristianizaron y las exclusivamente cristianas. Si pagano viene de pagus (que en latín significaba tierra: por eso los primeros cristianos llamaban paganos a los rústicos que seguían aferrados a antiguas costumbres y a los dioses del campo), entonces no es extraño que todo lo pagano esté entroncado con celebraciones en honor de elementos naturales como el agua, el fuego o la misma tierra que permitían o condicionaban el crecimiento de las cosechas –por tanto el alimento y la futura siembra–.



Fiestas como el mayo, de evidente culto al árbol, se siguen celebrando en todo Castilla y León aunque sus impulsores (habitualmente los quintos) tengan que recurrir hoy día a las peñas –versión actualizada y civil de las cofradías– para llevar a cabo todos los actos y que no decaiga el interés por los mismos. Peñas o quintos se encargaron hasta hoy de plantar el mayo, de rematarlo con “el empalme” o chopo que se colocaba en la parte más alta del pino para darlo más altura, y de adornarlo con objetos que los mozos trataban de alcanzar como si fuesen frutos o piñas de inestimable riqueza. Esos mismos mozos se encargan de preparar los ritos de paso que todavía hoy convierten a los niños en adolescentes, mientras las mozas toman a su cargo la tarea de explicar lo mejor que puedan a las niñas que hayan tenido la primera menstruación, que ya han entrado en la “cofradía de la costumbre”. Hasta tiempos recientes se imponía como norma consuetudinaria el que los jóvenes de otros pueblos pagasen un canon por llevarse una moza del lugar; dicho estipendio se denominaba “pagar la patente” o “pagar el piso” y quien no lo tenía en cuenta comenzaba con mal pie su relación. Hoy, pese a que esas formas de relación y noviazgo han variado muchísimo, todavía tiene una gran fuerza en el medio rural el ámbito familiar al haberse mantenido mejor que en la ciudad la jerarquía tradicional en cuya cúpula estaban los abuelos, habituales defensores de las costumbres y los ritos.

No pueden olvidarse tampoco, al hablar de costumbres antiguas y de extracción precristiana, las fiestas de toros, cuya normativa comienza a ser contemplada ya desde las primeras ordenanzas medievales. La reciente preocupación por la defensa de los animales en los espectáculos ha acabado con algunos abusos y ha permitido revisar antiguas reglamentaciones para ponerlas al día, haciéndolas evolucionar positivamente.

Otras épocas del año en las que también se detecta un innegable paganismo sólo son explicables si se las contextualiza dentro del calendario cristiano, como el Carnaval. A pesar de la innegable influencia de prácticas y formas foráneas en la celebración de dicho período, se van recuperando costumbres y rituales cercanos en el tiempo y en el espacio que devuelven el sentido original –menos espectáculo y más participación personal– a una fiesta que podría resumirse en el lema “el mundo al revés”. El Carnaval es inexplicable sin la Cuaresma y su culminación, la Semana Santa.

Rituales de inversión como el Carnaval pero más cristianizados, son también las fiestas de Santa Águeda y del Obispillo que aún se mantienen en algunos pueblos. Alrededor de la primera se han reforzado las cofradías femeninas acrecentando el número de hermanas y el interés por la celebración que suele extenderse a lo largo de varios días.



Los antiquísimos ritos de purificación por el agua o el fuego siguen presentes gracias a la advocación de San Juan en junio; en otras épocas del año también se hacen hogueras o se encienden fuegos. Las innumerables advocaciones de la Virgen nos impedirían referirnos a todas, pero merece la pena consignar las romerías que en su honor se celebran y que son reminiscencias de las antiguas peregrinaciones realizadas a un lugar sagrado en cuyos desplazamientos se buscaba un perfeccionamiento interior y la salud del cuerpo.

Tal vez el hecho que más ha influido en la consideración de la tradición como fenómeno cultural, es el cambio producido en la comunicación y aprendizaje de los conocimientos antiguos, que pasan de ser ”cultura vivida” –es decir, incorporada e integrada en la propia existencia– a ser “cultura aprendida” -esto es, vinculada a un tipo de aprendizaje o instrucción menos natural–, aunque, como es evidente, mejor eso que nada.

La palabra “mentalidad” sería la que mejor definiría las estructuras del intelecto sobre las que el individuo basa la creación de las expresiones de estilo tradicional. Esa mentalidad sería el soporte imprescindible y primario para la creación y a ella se incorporarían posteriormente las formas de expresión y, finalmente, la puesta en escena o materialización de esas formas. Pero la mentalidad se basa además en códigos compartidos que confieren una identidad común y que se transmiten de una generación a la siguiente. No hablaríamos de esa transmisión como de algo que se entrega en herencia, sino más bien como de una actitud genética.

Y ya que mencionamos los testamentos mencionaremos que, entre todos los archivos y centros de documentación, tal vez el que más desasosiego produzca es el archivo de protocolos. Sin duda, la necesidad de alejarnos del primigenio caos que fue punto de partida de la humanidad, ha ido haciendo cada vez más necesaria la existencia de esos lugares ordenados, testimoniales, donde se almacenan en anaqueles multitud de voluntades, millones de compromisos y contratos; un cuento de registros, en suma, avalados siempre por un fedatario. Y en particular inquietan los testamentos, sobre todo porque, a su contenido naturalmente terminal se añade con frecuencia la impostura de sus términos. De lo que da fe el notario es de lo que uno cree que tiene –cuando en realidad ya no lo tiene- y sobre lo que escribe es sobre lo que a uno le hubiese gustado ser cuando ya no queda tiempo para serlo. Por eso, frente a esas reacciones precipitadas de última hora, casi siempre forzadas, ceremoniosas y formulistas, tienen más interés las confidencias voluntarias, oportunas y realizadas cuando la razón y la memoria son todavía facultades en perfecto estado de revista.

Por eso –y volviendo a los conocimientos y creencias que se transmiten de padres a hijos– más que de un testamento se debería hablar de una actitud testimonial, o sea del recuerdo de un testigo; de alguien que ha tomado parte en todo lo que cuenta. Partiendo de la idea de que el ser humano es un misterio, un enigma sin resolver, el individuo ha ido tratando de acercarse a las preguntas claves de ese mismo enigma, porque siempre han sido más interesantes las preguntas que las respuestas. Las palabras con las que se construyen esas preguntas, más que significar cosas significan relaciones, y esas relaciones –con la naturaleza, con las personas, con las formas inteligibles– son la base de nuestra existencia y la verdadera explicación de nuestra presencia en el mundo.

Joaquín Díaz





















Ser y Estar es una antología que iniciamos hace más de una década y que hemos ido dedicando de manera monográfica a diferentes apartados de nuestra tradición. Este título genérico y formal pudiera estar ahora, más que en esos otros trabajos anteriores vinculado con el ejercicio que nos ocupa, el de las creencias y las mentalidades, pues ambas conforman nuestra manera, efectivamente, de ser, de pensar y de sentir y por tanto de hacer y de desenvolvernos en el mundo y con el resto de las especies, no solo la humana. Por lo que cree, piensa y siente la persona, edifica y acciona.

A partir de estas ideas que gobiernan el ser humano, de cómo es una persona, produce este mismo hombre sus creaciones y expresiones. Lo que ahora llamamos tan pobremente bienes materiales u objetos etnográficos, son en realidad resumen y expresión del hombre desde hace generaciones, pues en ellos se condensa el saber y el conocimiento, la destreza en la respuesta de problemas y su adecuación al momento y a los quiebros que se van planteando en el andar de la vida. De entre todas las creaciones posible, diarias o específicas y que podemos considerar artísticas en tanto en cuanto sobrepasan lo cotidiano, las expresiones habladas y musicales sean tal vez las más importantes pues son comunes a todo el mundo y todos pueden participar de ellas, a diferencia de la creación de un alfarero, un guarnicionero o una bordadora, cuya expresión material necesita de un aprendizaje previo, guiado por un maestro y vinculado a una situación económica que pueda sacar adelante esos objetos.

Estas ideas primitivas se manifestaron en desarrollos variados, en formas de actuar y entender y han llegado hoy día bajo unas manifestaciones muy alejadas del origen en el que se fundamentaron. Por ejemplo muchos de nuestros bailes tradicionales -y esto ya lo analizamos en el capítulo dedicado a Las Danzas y en el de Los Bailes-, pudieron tener un origen ancestral, tremendamente ritualizado y en relación a las entidades mayores en las que el hombre siempre creyó: la naturaleza y la dendrolatría, un dios humanizado o por el contrario dotado de partes animales, el sol, el agua, etc. Muchas danzas que seguimos bailando en nuestros pueblos arrancaron en ese tiempo tan alejado que ya no lo reconocemos apenas en las manifestaciones actuales. Bailes de adoración a los astros, al agua o danzas de la lluvia, bailes alrededor de una fuente, un árbol buscando un inicial carácter fecundante o como exhortación y llamada al dios de cada época, o el mito del sacrificio de la vida en danzas de renovación del ciclo natural se pueden intuir en la tradición actual. Su origen está muy alejado y muchas veces no se pueden enlazar de manera directa con el primitivo ancestro por más que intentemos asociarlo a las manifestaciones más dispares, desde unas pinturas rupestres, a una indumentaria de pellicas de oso o lobo o a una disposición circular o solar. En este aspecto recordemos que los bailes de rueda de nuestra comunidad -y fuera de estas tierras también- se manifiestan en ese espíritu cargadas de ritualidad, como danzas comunitarias y jerárquicas, en continuo movimiento siguiendo una disposición que gira en rotación terrestre, de este a oeste, en torno a elementos destacados como un árbol, una fuente o las autoridades del pueblo, etc.

En ese orden de cosas las propias manías que todos podamos tener, y que son inexplicables física y cabalmente en muchos aspectos salvo en los psíquicos ayudan al hombre en su batallar diario y pudieron derivar de un hecho concreto en tiempos muy lejanos que ya no guardan aparente relación con el acto en sí. Encomendarse a santos inexistentes en el martirologio cristiano o la hagiografía, cruzar los pasos de cebra sin pisar las rayas, levantarse de la cama con el pie derecho, repetir una palabra o realizar un ejercicio un número determinado de veces- generalmente números místicos- para conseguir un objetivo, hasta santiguarse repetidas veces sin sentirse perteneciente al orbe católico revelan una herencia de la que no podemos escapar, que forma parte de nosotros desde hace milenios, y que alivian el alma desde el origen del hombre.

El dilema de la vida del ser o del somos, esto es, la vida individual o la comunitaria, ha sido posiblemente uno de los problemas que ha rodeado al hombre desde su origen. Primero por necesidad y luego por sociabilidad, y seguramente antes de creencias y avenencias divinas, fue el cómo ser capaz de relacionarse con el otro, cómo establecer una empatía y bajo qué formas poder relacionarse y organizarse frente a las inclemencias, desórdenes y adversidades del mundo. Esta dualidad entre el hombre y su entorno humano, la soledad y la comunidad, la pareja como una relación ocasional o duradera, la familia o el celibato, el matrimonio, la soltería, la comunidad religiosa frente al eremita han desarrollado formas de pensar, de actuar y de comportarse que hoy en día siguen suscitando cuestiones, dudas y comportamientos adversos en diferentes momentos a lo largo de la vida de las personas, cambiantes en las diferentes etapas de la historia y conjugadas merced a pensamientos, formaciones, identidades en lo que crean el ser y estar de cada individuo. Pero no por esa filosofía aristotélica el hecho social compete al hombre en todos sus momentos: el hombre nace solo -salva sea la parte que venga con su mellizo, claro-, muere solo y sufre solo, el dolor físico o mental es propio de cada uno y aunque por empatía o cercanía queramos sufrir con él, lo que siente, lo siente uno mismo.

Carlos Porro













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