Paisajes sagrados

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Paisajes Culturales Sagrados

Museo Etnográfico de Castilla y León

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Un ejemplo de paisaje sagrado complejo en los páramos de Villaciervos (Soria)

15 mayo 2018


En tierras de Soria, la localidad de Villaciervos y su pedáneo Villaciervitos, conserva un interesante paisaje sagrado compuesto por varias construcciones –las ermitas de San Cristóbal, del Santo Cristo del Humilladero y de San Roque en Villaciervos y la ermita de Nuestra Señora de la Calzada en Vilaciervitos-, que dan cuerpo a un paisaje sagrado del tipo que, en alguna ocasión, hemos catalogado como “paisaje sagrado compacto”. En un espacio relativamente reducido comparecen toda esta serie de edificaciones sacras a las que se ha de sumar la iglesia parroquial, hoy desacralizada y fuera de uso, de Villaciervos, que hitan el territorio donde se levantan y lo sacralizan por medio de un orden jerárquico y estratificado de construcciones/advocaciones. Las ermitas, en conjunto, conforman un marco referencial, simbólico y sagrado muy específico donde cada una de ellas ocupa una posición en el entorno urbano, en su orla peri-urbana y en el campo. Esta posición jerárquica individualiza el paisaje y establece una complementariedad que cuenta de una “dualidad” paisaje urbano/campo, arriba/abajo o centro/periferia; así, la iglesia parroquial viene a ocupar el centro, el referente eclesiástico o, lo que es lo mismo, la religiosidad de todos los días. Las ermitas situadas en el entorno urbano –ermitas del Cristo del Humilladero y de San Roque-, ocupan una posición muy concreta como ámbitos de entrada/salida que generan flujos lineales entre el espacio urbano y su ámbito de entrada/salida de la población. Son a la vez, lugares simbólicos que cuentan con una ritualidad muy específica (rituales de Semana Santa en el caso del Cristo del Humilladero y protector contra la peste para el caso de San Roque). En el caso de las ermitas situadas en el campo –Nuestra Señora de la Calzada y ermita de San Cristóbal-, vienen a cuenta, por un lado, de una evidente relación con advocaciones camineras (en el caso de San Cristóbal es además, un santo de los denominados “de altura”) que generan a su vez, por otro lado, una serie de flujos entre los núcleos habitados y dichos edificios sagrados materializados en caminos de peregrinación o “territorios de gracia” donde la imagen emigra temporalmente en determinadas épocas del año. En conjunto, conforman una suerte de “escudo” protector de todo el territorio a través de una interconexión simbólica del espacio, dando lugar, además, a espacios sagrados que se refuerzan de manera transgeneracional por medio de rituales de bendición de campos, rogativas o peregrinaciones anuales.