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Museo Etnográfico de Castilla y León

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Marcas de lo sagrado en la piedra seca salmantina

3 de enero de 2019


Pedro Javier Cruz Sánchez



Parece que la declaración de la piedra seca dentro de la categoría de Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO en algunas comunidades autónomas de España, ha removido algunas conciencias que se encontraban un tanto dormidas, en torno a una técnica constructiva –viva, pero en franco peligro de desaparición-, que encontramos en la mayor parte de los territorios peninsulares. A toro pasado algunas comunidades, como la nuestra, han levantado la voz en torno a la importancia que ha tenido la construcción en piedra seca en el mundo rural desde antiguo, como elemento identitario de nuestra cultura popular. Como suele ocurrir con otras tantas cosas, esta técnica de construcción se ha vuelto a poner “de moda” al son que dicta la actualidad. Pero nos olvidamos que desde hace ya bastantes años, cuando las paredes de piedra en Salamanca se desmontaban y se cargaban en grandes camiones, con destino a la construcción de chalets de lujo de la capital o de territorios lejanos, algunos locos, entre los que me encuentro, ya nos dedicábamos a estudiar y a divulgar, con los medios con que contábamos, que no eran muchos, las paredes de las cortinas o los chozos, chiviteros o arrimaderos o arrimachos que, dispersos por amplios espacios del solar salmantino, especialmente los que se encuentran en la mitad occidental, caracterizan la arquitectura popular de la provincia.

Fruto de estas intensas pesquisas que nos llevaron a recorrer de forma minuciosa buena parte de la provincia, es la documentación de ciertas variantes locales en la construcción de las cortinas que cuentan además con un amplio abanico de denominaciones de sus partes. Uno de los aspectos menos conocidos de estas paredes de piedra, que encontramos también en la vecina provincia de Zamora, es la presencia de marcas de sacralidad que, hasta la fecha, han pasado prácticamente desapercibidas. Nos referimos a ciertas cruces que aparecen imbricadas en el cuerpo de la pared, donde se busca el efecto cromático que ofrecen los materiales empleados, principalmente la pizarra y la cuarcita. Pizarra como materia prima para levantar los paramentos y cuarcita blanca para trazar sencillas cruces latinas o con silueta de Calvario que encontramos no solo en las cortinas, tal vez una de las localizaciones más curiosas, sino en los lienzos y hastiales de las unidades domésticas, erigiéndose en un thopos de la arquitectura de pizarra no solo salmantina, sino también zamorana -comarca de El Aliste- e incluso leonesa -comarcas de La Maragatería y La Cabrera- donde se documentan interesantes ejemplos.

En la provincia de Salamanca las podemos encontrar en las fachadas de las casas –algunos pueblos del tercio suroccidental conservan ejemplos de estas blanquecinas cruces de guijarros que destacan del tono parduzco de la fábrica de pizarra y que se pueden interpretar como espantademonios o espantabrujas-, pero son especialmente abundantes en las cortinas donde, a poco que uno sea observador, puede adivinar su presencia; interpretadas en un primer momento como cruces de protección, este tipo de marcas en el paisaje pueden guardar otro tipo de significados. La propia información que hemos podido recabar en Hinojosa de Duero, donde hemos detectado un par de estas cruces, habla de marcas de propiedad de las cortinas donde encontramos las cruces o del simple entretenimiento del maestro paredero en su quehacer cotidiano. Estas interpretaciones son, cuanto menos, variopintas. En otras ocasiones, nuestros informantes nos han ofrecido otras lecturas que resultan incluso más sugerentes. En el campo de Robleda, en el corazón de la comarca de El Rebollar, se encuentran dispersas varias de estas cruces levantadas al mismo tiempo que las paredes, algunas de ellas incluso construidas en fecha reciente donde se emplean materiales modernos tales como ladrillos o trozos de hormigón. Lo hacen, según las noticias que nos han aportado algunos de nuestros mejores informantes, orientadas a la Peña de Francia, a lo largo de los viejos caminos de peregrinación al santuario mariano más importante de todo el sur de la provincia de Salamanca. Conformarían así una suerte de “territorio de gracia”, en palabras de W. Christian, de la Virgen serrana a toda la comarca de El Rebollar. Lo cierto es que no sabemos si ha sido esta la intencionalidad de estas cruces campesinas robleanas; lo que si podemos estar seguros es que, a día de hoy, estas humildes paredes que antaño parcelaban el campo salmantino, aún guardan secretos que es necesario rescatar.