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Peticiones de limosna para cera en los domingos de cuaresma

Cantadas por Dionisia Sanz Maroto de 67 años de edad, hija de Tía Asunción, y natural también de Gomezserracín (Segovia). Grabada en su casa el 18 de junio de 1997



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Para el primer domingo:

Hoy salió Cristo a ayunar cuarenta días enteros
salió a defender batalla contra el demonio soberbio.

Ya nos van dar limosna para alumbrar a Jesús

junto lo halléis en la gloria y en los clavos de la cruz.

Y este era el del segundo domingo, este es otra música un poco más así:

A pedir venimos con Cristo en la mano
si nos dan limosna los buenos cristianos.
Si nos dan de todo corazón

que Dios siempre mira por el labrador.

Nobles labradores que dais al Señor
de lo que tuviereis dar con devoción.
De lo que tuvieres como buen cristiano,
diera yo mis bienes al rey soberano.

LOS TRABAJOS EN LA IGLESIA

Vinculada al desarrollo del ciclo litúrgico una figura indispensable en el panorama eclesiástico y civil era la del mayordomo de la cofradía o de la hermandad religiosa. Cargo generalmente anual, lo representaba un devoto –o varios–, que durante el tiempo de su mandato, se haría cargo de las obligaciones de atender todo lo necesario para el perfecto cumplimiento de la regla de la cofradía a la que pertenecía, en loor y devoción del santo o Virgen a la que estaba adscrita. Además de representar a la cofradía ese tiempo, muchas otras obligaciones completaban el trabajo que durante las diferentes fiestas debían realizar los mayordomos o mayordomas “que servían la vara”: guardar el arca con los libros, hacer las cuentas, preparar la procesión, vestir el monumento de Semana Santa o el altar del santo correspondiente, hacer los ofrecimientos y sobre todo recaudar limosnas y dádivas con las que mantener el gasto de la cera. Estas peticiones de limosna, se hacían en épocas concretas del año, la cuaresma, durante la novena del santo en cuestión, los viernes de cada mes o el día de la función. Las mujeres que ejercían la mayordomía eran las encargadas de pedir a los voluntariosos devotos una dádiva, animándolos con unas canciones o romances que variaban según el vecino, el barrio o según el día en el que se realizara la cuestación. Con lo recaudado se compraban velas, cintas y flores para alumbrar el monumento de Semana Santa o para el gasto diario de las velas que lucían en el altar de la Virgen o del Santo correspondiente.








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