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Los Trabajos

En el campo • En la casa • En la calle • En la iglesia


Canción de tapiar

Cantada por la señora Ramona, natural de Cabañasraras (León) y recogida en el año 1983



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Venga vino, venga vino que agua no la puedo ver
tengo la condición mala con ella tenga morrer.
Venga vino, venga vino, que agua no la puedo ver
que el agua lava las manos y el vino es para beber.

LOS TRABAJOS DE LA CALLE

Las tonadas acompañan los esfuerzos físicos de los trabajos más pesados. Canciones que, encorsetadas en patrones rítmicos muy marcados, ayudaban a los jornaleros en un esfuerzo que durante un breve espacio de tiempo había de ser extremo para lograr obtener los mejores resultados. Los duros trabajos de batir, espadar, majar, o levantar grandes pesos se animaban, a pesar de esta dureza, con tonadas machaconas y gritos de ánimo. Se han recogido algunos cantos gallegos y portugueses netamente rítmicos que estimulan el esfuerzo físico y coordinaban a las personas necesarias para levantar las grandes piedras mediante un juego de poleas que aliviaban el peso. Los canteros recurrían a las tarabillas e interjecciones que aunaban el esfuerzo común tales como: ¡ooooh, oooh!, ¡aupa! ¡aupa!, ¡ei! ¡ei! u otras similares que más que coreadas en grupo, eran resopladas y esbozadas entre los dientes.

Dentro de la arquitectura tradicional la construcción con la técnica del tapial, de muros de carga, paredes bajas o tapias de corral, hoy prácticamente abandonada, requería un esfuerzo físico constante para apretar la tierra cruda húmeda aprisionada entre dos grandes tablones de madera que servían de molde de las paredes. La tierra se endurecía con el machacón aplastado mediante el pisón o mazo de madera, de larga empuñadura, que a base de batir la tierra con rítmicos golpes compactaba duramente el material haciéndolo muy resistente a los elementos, lo que hacía que no fuera necesario protegerlo posteriormente con una capa de trulla de paja y barro. El son machacón de las tonadas empleadas en estos menesteres volvía a insistir en la mecánica del trabajo.

En este mismo proceso de golpear y batir, los yeseros burgalesas acompasaban su trabajo desmenuzando los bloques de yeso al son de cantares muy marcados con un obstinado ritmo como nos recuerda Olmeda en su cancionero cuando habla de algunas canciones de trabajo: “lo emplean para majar los yesos; la cual operación la hacen con grandes mazos y para esto se dividen en dos o más grupos: uno golpea el yeso a la primera parte de un compás, el otro a la primera del siguiente y así obligados por la precisión y fuerza del ritmo preparan y equilibran las fuerzas con gran ánimo y resolución”.

Ahora si que va bueno, que no va malo
oh, oh, oh, oh...
que traigan la bota pa echar un trago.
oh, oh, oh, oh...

(Maja del yeso de Villalómez, Burgos)

También con grandes mazos los alfareros muelen los tabones de arcilla para preparar la masa con la que fabricar sus cacharros aunque la individualidad del trabajo les permite un respiro y una relajación del movimiento cuando es necesario.

Cantando, cántaros hace el pulido cantarero,
cantando cántaros hace, cantando gana dinero.








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