MECyL

Los Trabajos

En el campo • En la casa • En la calle • En la iglesia


La maza del boto de mantequilla

Cantado por Amador Diéguez Ayerbe, sobre canciones por él recogidas en Noceda del Bierzo, Paradaseca, San Pedro de Montes, Oencia y Peñalba (Léon) en 1983



Escuchar el tema >



Mázate lleite no boto mazado que muita manteca me ten apartado,
mazate lleite d ́a mia vaca loura y aparta a manteca que eres lleite boa.
A ro, ro, ro...

Mazate lleite, mazate nata si non te mazas dareite a gata;

mazate lleite con tu rebullón, pra min a manteca que a lleite muovo,
mazate lleite con tu rebullín pra min a manteca y a lleite pa ti.

A ro, ro, ro, ro...

LOS TRABAJOS EN LA CASA

No es de extrañar que tales juntanzas, al amor de la lumbre y a la oscuridad de las velas, acabaran las más de las veces en porfías y besuqueos de novios cuando los mayores dormitaban, cuando no daban al traste con ellas los mozos de ronda en sus visitas nocturnas a las casas, mientras que las mozas impacientes aguardaban su paso.

Santas y muy buenas noches mocitas de ese hilandero
que parecéis las gallinas de un revuelto gallinero.

Santas y muy buenas noches mocitos los de ese corro
si están las pitas revueltas es que habrán oído al zorro.

Santas y muy buenas noches mocitas de ese hilandar
ya podéis tirar las ruecas para salir a bailar.

Santas y muy buenas noches, mocitos los de ese bando
vosotros venid p ́acá la rueca ya la tiramos.

(de Nuez de Aliste, Zamora)

Por todo esto, la Iglesia puso especial empeño en acabar con las reuniones de estos hiladeros, prohibiendo de manera expresa su realización, bajo pena de multa, aunque de manera inútil:

Item: Y Por cuanto se ha informado a su Ilustrísima que en este lugar y en los demás a este Beneficio hay el abuso de juntarse las mozas en casa que llaman los hilandares con el pretexto de hilar u ocuparse en otro genero de trabaxo y a ellas suelen concurrir los mozos y de estos concursos se han seguido y se pueden temer resulten muchos desórdenes e inconvenientes. Por tanto deseoso su ilustrísima de atajarlas y dar a este fin la providencia más conveniente manda en virtud de santa obediencia y pena de excomunión mayor que en adelante no se hagan semejantes hilandares ni persona alguna ofrezca casa para ellos haciendo los padres de familia que sus hijas estén de noche recogidas en casa y al que contraviniere le sacará el cura o vicario del dicho lugar por la primera vez una libra de cera y por la segunda dos para el santísimo sacramento y a la tercera pase a recibir información de los transgresores y la remita a su Ilustrísima para que en su visita proceda a su castigo como hallare por derecho y dicho cura a sus vicarios así lo cumplan con apercibimiento que de lo contrario se procederá contra ellos como haya lugar. (Folio 49, recto del libro parroquial de la iglesia de San Jorge de Pereda de Ancares (León), visita pastoral de 1688).

Fuera de los veladeros y dentro de la casa se realizaban otras tareas que llevaban como fin el aprovisionamiento de alimentos o la fabricación de los mismos. Hacer queso, amasar el pan o la limpia de la legumbre que separaba la envuelta de garbanzos, hojas o alubias eran trabajos cotidianos, rutinarios animados con letrillas variadas, que por ejemplo, en el caso de cerner la harina se acompasaban al ritmo de las sacudidas del cedazo de izquierda a derecha sobres las andillas dispuestas en el artesón al que caía la harina limpia y suelta.

Mientras mi madre cierne, yo me enharino
para que digan los mozos que yo he cernido.
Desde la mi ventana del cernidero,

le cuento las merinas al merinero.


Hasta hace poco las ancaresas y bercianas aún fabricaban la mantequilla casera a la vieja usanza mazando la leche en unos botos u odres de cabrito inflados, que en largas jornadas batían sobre las rodillas en un continuado y monótono vaivén de allá para acá. Con paciencia y mucha constancia en este “chocolateo” lograban separar, al cabo de cierto tiempo, la mantequilla sólida del suero. Para este menester en concreto –ya que en ocasiones se utilizaba un recipiente de madera, hojalata o barro en el que se introducía una aspa o molinillo que removía la nata– se cantaba una y otra vez una tonada que aligeraba la faena al ritmo de ir y venir y que más daba la impresión de estar arrullando a una criatura que de otra cosa.








Los Animales
La Cosecha
La Indumentaria


La Naturaleza
Las Danzas
Los Bailes


Los Trabajos