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Los Trabajos

En el campo • En la casa • En la calle • En la iglesia


Canto del rabel

Interpretado al rabel de una cuerda por un rabelista de Aguilar de Campoo (Palencia), grabado el 30 de mayo de 2003



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La guitarra pide vino y la bandurria aguardiente

y el chavalín que la toca mozucas de quince a veinte.

LOS TRABAJOS EN LA CASA

Si las corroblas, solanas y calechos entretenían las tardes en los pueblos entre cestas de costura, dimes y diretes al abrigo de las tapias de las casas, las noches reunían en veladeros, hiladeros, tresnochos, filandares, fiadeiros o filandones a los vecinos de calle, a la familia y allegados en soportales, cuadras o cocinas. Encerrados entre paredes de piedra, adobe o sietu dejaban transcurrir nuestros abuelos el otoño y el invierno al calor de los animales y de la lumbre baja, iluminados por el cabrilleo de un retorcido pábilo aceitado, de una varita de acebo o sarmiento aceitado, un aguzo o un candil de aceite o de petróleo, que por turno, gastaba o pagaba cada casa. Estos turnos de vela se iniciaban alrededor de San Miguel y duraban hasta al Santo Ángel, en la temporada en que escaseaba el trabajo en el campo, pues apenas algunos obreros podían emplearse en voltear tierras de lentejas, levantar arroyos, sembrar ajos, barbechar o aricar y podar viñas al final ya del invierno. Así pues con frío y nieve, barro en la calle y muchas horas de oscuridad por delante se embarcaban los lugareños en un variado muestrario de artesanías domésticas a las que se dedicaban durante estos meses: se reparaban los aperos, se labraban las albarcas de madera, se tejían escriños de paja de centeno, enea y zarzas, cestos de castaño o mimbre, se hacía calceta y sobre todo las mujeres hilaban los copos de lana y los mañizos espadados de cáñamo o lino, aunque dependiendo de la zona, también se velaba ahorcando ajos, trenzando pleitas de esparto o mondando piñones.

El par de horas que más o menos venía a durar el veladero trascurría entre juegos, chascarrillos, tonadas de temática variada coreadas en grupo, romances de mil acontecimientos pocas veces relacionados de manera expresa con el trabajo realizado en estas juntas, atentos todos a la voz solista de aquel o aquella que conocía la tradición o incluso de los más letrados que leían las noticias de los periódicos o algunas coplas o folletines, con el fin de entretener al personal, en un grato ambiente recordado hasta la saciedad por aquellos que lo vivieron. Una pandereta o un almirez tocaban algún baile ocasional mientras que el rabel, en las zonas serranas y montañesas, reclamaba la atención o buscaba la hilaridad en el trabajo a base de novelescos romances y desvergonzadas coplas, mientras los mozos tonteaban con las jovencitas.








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