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La confesión de la mujer del tejedor (Cuento)

Contado por Tía Beatriz, de 84 años de edad de La Alberca (Salamanca), el 19 de julio de 1957



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Pues era la mujer muy buena y le gustaba mucho ir a misa y confesarse bastante, mucho, mucho, cuando decía el tejedor:

-¿Qué tendrá que confesar? De buena gana le oía las confesiones, de buena gana sabía qué pecados iba a decir y de buenas ganas iba-.
Bueno pues un día va y le dice la mujer al marido:
-Mira, arrepara la lumbre que me voy a misa y ten cuidao del puchero no se queme-, le dice asina: -pues yo me voy a misa.

-Buenos, pues adiós-.

Ahora dijo él:
-Pues ahora mismo, ahora mismo cojo la capa y me voy a la iglesia y me voy a poner en un confesionario a ver si le oigo la confesión-.
Bueno pues así fue, se puso la capa. Ella se fue delante, él se fue detrás y ella se metió en una capilla a rezar y él se metió en el confesionario y no iba a confesarse. Cuando en esto que ya ve que tardaba en ir y tenía prisa de tejer, pues va y la llamó con la mano. Ella que no fue tonta y lo vino conociendo, lo vino conociendo y se puso a confesar y va y se confiesa de esta manera:

-Acúsome Padre, que he tenido amores, primero con un joven, luego con un viejo
y después con un fraile.

-Huyyyy, huyuyuyuyy, huy, eso no te lo puedo absolver. Nada, nada, no, no, no puede ser no te puedo absolver ese pecado-. No le echó la absolución, no era quién para saberla y no se la pudo echar y como le dijo eso menos. Bueno pues fue y desto que se fue pa casa, la mujer se fue p ́allí pa otra capilla y el fraile se fue pa casa, oiga usted, y se puso a tejer. Se puso a tejer otra vez. Al ponerse al tejer luego vino ella y se puso a barrer, se pone a barrer y poniéndose a barrer va él, estaba metiendo las canillas, p ́acá p ́allá, p ́allá p ́acá y cantaba y le decía:

-Acúsome padre que he tenido amores,

primero con un viejo, primero con un joven

y después con un viejo y después con un fraile.

Y entonces ya va y le responde ella:

-Yo si te lo dije fue porque es verdad
y porque te quise en tu mocedad.
Primero siendo joven, luego siendo fraile... no
primero siendo viejo

y después siendo fraile.

Barre que barre,
teje que teje

y barre que barre.

LOS TRABAJOS EN LA CASA

Una vez obtenido el hilo pasaba a tintarse –o a tejerse directamente para luego teñir la pieza de paño entera en el caso de los colores uniformes– por diferentes procesos en lentas cocciones de calderas de cobre y utilizando elementos vegetales, animales o minerales. Plantas como la cebolla, el liquen, la corteza de algunos árboles, la hiedra, el zumaque, el gordo lobo, la gualda, la rubia, el índigo, el campeche, la isatis, hojas y raíces junto a pequeños insectos como la cochinilla o el quermes, minerales como la caparrosa, pasando por la tierra o el hollín de la cocina, alimentaban el arco iris multicolor del traje del hombre y de la mujer. El tejedor y el batanero pasaban luego a hacerse cargo del producto y a convertirlo en paño, sarga, jerga, bayeta, sayal o estameña. La posterior intervención de la habilidad femenina, del alfayate, del zapatero, del calcetero y del arriero –que acercaba las más alejadas tendencias de la moda y los tejidos o alamares de ultramar– proporcionaba el completo ajuar de nuestros paisanos.








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