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Las tres hilanderas (Cuento)

Contado por la señora Dolores, de La Alberca (Salamanca), grabado entre el 17 y el 18 de julio de 1957



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Encerraron a tres... a tres mozas que tenía un padre en un.., ¡tó!, pues eran, de gente de por allá arriba, en un cuarto y le dijon que no saldrían de allí en lo que no hilaran to aquello que estaba allí lleno de lino. Y ellas dijon:
-¿Pues cómo? nosotras si nunca hemos sabío hilar,¡uuh!, ni hemos agarrao la rueca ni el huso, ni sabemos nosotras como va este oficio, no, nosotras no.
-
Bueno, se asomó ¡ca!, una a su ventana y se puson a llorar. Por allí pasó un mujer y les dijo que qué les pasaba pa ser hijas de gente gorda y estar llorando. Y les dijo:
-Pues porque nos han mandado hilar y nosotras no sabemos hilar-.
Y dijon dice:

-Pues yo les puedo aprender si me quieren abrir las puertas.

-Ay, pues vamos a abrirle, ay, si vienen y mos la encuentran aquí?
Pues fue y les dijo entonces ella:
-Si es que es mucho lo que hay que hilar voy yo a buscar a otras dos y venimos y entre las tres lo hilamos enseguida y están ustedes fuera de ese cuidao.

-Pues sí-, dijo la más chica: -vaya buscarlas que malo ha de ser que no las podamos esconder si van a entrar en casa, en el cuarto-.
Pues fue y una dice que tenía los labios mu gordos, así el labio bajero mu gordo, otra tenía este dedo como un porro y otra, pues tenía un pié también mu diforme y cuando fueron les dijon, se puson a hilar y le hilaban bastante, si, las tres hilaban bien, pero bastante, y una vez que sintieron pasos pues las escondieron, como había tanto lino, las taparon con lino y claro como ya tenían hilao mucho pues los que entraron a ver se quedaron admirados que sin haber sabío hubieran podido ya hilar tanto.

-Bueno pues ah, habéis hilao mucho.

-Sí, sí, nos hemos dao bien la mano, yo pensé que no íbamos a saber, -dijo la chicapero sí, sabemos bien-.
Bueno, pues las dejaron volvieron a salir las otras, se volvieron a poner a hilar otro poco y dijon ellas:
Y ¿cómo nos vamos arreglar como alguna vez nos digan que hilemos nosotros, sin saber, sin agarrar la rueca y sin saber darle al huso?andaban ellas como cogiendo la rueca, cogiendo el huso, y dándole... y ya fue una vez y un novio que tenía una de las tres, tenía un novio y le dijo, dice:
-Tenemos aquí a tres compañeras, -dice

-y ¿qué hacen aquí las tres compañeras?-.

-Pasaban por ahí y dijeron que si las dejábamos esta noche les daban posada porque no iban a llegar a casa y...

-¡Tó! ¿ande las tenéis?

-P ́ahí se escondieron de que barruntemos gente.

-Pues anda que salgan a ver.
-
Y claro, como las vio así disformes con el labio, con el dedo, con el pié, le dijo:

-Y ¿cómo tienen así ese labio?

Dice: -Ve ahí, esto se pone así de hilar, de mojar el lino...

-¡Uhh, qué barbaridad!les dijo él.

-Pos y ¿este dedo?
-Este dedo pues está así de darle al huso.
-¡Ohhm! y ¿éste de esta mano?

-Este es de estirar de la rueca, de lino de la rueca.

-¡Ah!dicen que dijo.

-Yo entonces ya no quiero que jile la mi novia, porque vaya, pues no se le vaya a poner así los labios y el dedo y to esas cosas. No, no, no, aquí ya se acabó el hilar.

-Pero ya esto lo habría que acabar de hilarle dijon ellas.

-No, no, ni esto se acaba de hilar ni nada, esto, yo prefiero de, de eso,...

De manera que las otras habían dicho ya:

-Al ver a nosotros que no te avergüences de llamarnos primas, como que semos familia tuya. Y ellas le dijon que no, que no se avergonzarían de llamarlas primas con tal que le hilaran too el ese. Y ellas ya lo que querían que las dejaran solas pa que las otras terminaran de eso, pero aquel se empeñó en decir. No, no, aquí vosotras no volvéis a agarrar a la rueca, ni volvéis a agarrar el lino, ni volvéis a.... por que no quiero yo veros desfiguradas como están esas. Con que así se salvaron el compromiso y las otras pues con ese pago salieron, de que las llamó primas delante del novio y nada, ni le pagaron más ni les pagaron menos y así se arreglaron pa hilar.

LOS TRABAJOS EN LA CASA

Estos procesos habían de realizarse en el exterior de la casa, en corrales o en la calle, dada la toxicidad del polvo que soltaban la cáscara y la fibra, pero siempre al remanso del aire, que enredaría si no la fibra. Para el interior se reservaba el hilado “a pulgar” en rueca, en los hiladeros de los otoños e inviernos.








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