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Las Danzas

La danza y el rito • Tipos de danza • El teatro • La banderada


La espadaña

Danza de Valladolid. Versión del dulzainero invidente Victorino Amo Berzosa, de 70 años de edad, natural de Traspinedo (Valladolid) y músico habitual del grupo de coros y danzas de Valladolid. Grabado en 1985



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Los tipos de danzas: sus textos y las melodías

En Valladolid la danza más emblemática y la más reconocidos por los vallisoletanos es la llamada “la espadaña”, humana y femenina torre que ha servido de clausura desde los años cincuenta a las actuaciones de todos los grupos de bailes regionales de la provincia. Cuentan, según las explicaciones tan traídas y llevadas por estas agrupaciones, que la danza surgió como recuerdo de la figura arquitectónica que formaban las mozas, cuando subían unas a hombros de otras o a la espadaña de la iglesia para ver el regreso de sus maridos y novios de la guerra. Se vestían ya para esta ocasión con un supuesto antiguo traje de luto, un traje blanco, que anunciaba el triste período de duelo que alguna iba a sufrir.

La repetitiva melodía jotesca sirve como soporte de una coreografía de estilo tradicional que representa un juego de filas, corros y serpenteantes figuras propias de danzantes procesionales o de paloteo, que después de las evoluciones rematan la danza en una figura de arco y castillo, al subir los danzantes (mujeres en este caso) unos sobre otros, haciendo equilibrios entre la cintura y la cadera, representando la figura de la espadaña de una iglesia. Estas danzas han sido siempre propias de cuadrillas de danzantes masculinos, aunque la característica principal de esta agrupación, femenina, hizo que tanto aquí, como en otras provincias fueran mujeres las que retomaran esta danza, vistiéndose con el traje propio de los hombres danzantes y las conocidas enagüillas. Así ocurrió también en Segovia, aunque ha sido en Valladolid, donde la representación actual de esta danza se ha perpetuado en cuadros de mujeres, ataviadas de esta guisa, con enagüillas, cintas, pololos encintados y tocas de flores a la cabeza.Parece ser que se representaba a principios del siglo xx en la localidad de Valdestillas. Se conoce también en la localidad cercana de Matapozuelos, la costumbre de hacer dos torres paralelas de danzantes formando un arco con varios pañuelos entrelazados a la puerta de la Iglesia, por el que pasa la imagen de la Virgen de Sieteiglesias, junto a la comitiva acompañante.

En Valdestillas se realizaba una espadaña (así se denominaba) el día 10 de mayo en la festividad de la Virgen del Milagro. El recuerdo está ya sólo en los más mayores, y algunos textos fechados en 1926, pues la danza dejó de realizarse hacia los años treinta, aunque quedan numerosos detalles de la representación, como la figura, el toque de pitos y castañuelas desde lo cimero de la torre humana del danzante a la vez que lanzaban vivas al Ayuntamiento, a los danzantes y autoridades varias y se recitaban algunas coplas acerca de los acontecimientos locales como hemos referido líneas arriba. El desarrollo del baile era el siguiente: Transcurrido un tiempo de la procesión con melodías de contradanza, mudanza y entradilla en la que venían bailando los hombres en dos filas, se llegaba a un punto determinado, en este caso a la entrada de la calle Real, y el dulzainero tocaba una señal, continuando con las melodías, mientras se separaban los dos danzantes y realizaban la figura de la espadaña de manera semejante a como hoy día se hace en las localidades en las que se compone el arco o el castillo. Una más coherente explicación acerca del origen real de este tipo de bailes la ofrece, el propio Joaquín Díaz: “Casos como el de la llamada “espadaña”, a la que una interpretación reciente y difícilmente creíble vio como una torre de mujeres atisbando si sus maridos venían de la guerra, no eran sino representaciones del alma que debía conquistar con la ayuda de la Virtud la altura, el lugar elevado (castillo, torre, etc) desde el cual mirar de frente y con ojos limpios al Creador; hay que considerarlas, por tanto como danzas de homenaje al Santísimo. Por otra parte el poeta Claudiano testifica la antigüedad de este tipo de espadañas humanas cuando, al describir unas fiestas circenses, celebradas en Tarraco en honor del cónsul Teodoro, dice: “Unos hombres enlazados formaron en un abrir y cerrar de ojos una edificación sobre sus hombros subiendo unos sobre otros, y en lo alto de esa pirámide un muchacho bailaba con las piernas enlazadas.” Similar sentido podía tener el arco humano realizado en diferentes pueblos de Segovia (Fuentepelayo, Lastras, Navalilla, Cantalejo, etc) del que entre otros nos habla Rosa María Olmos en su libro Danzas Rituales y de Diversión en la provincia de Segovia, aunque la autora, siguiendo diferentes fuentes etnológicas, prefiere conferir a este tipo de danzas un carácter propiciatorio para el crecimiento de los cereales”. Con “La espadaña”, acudía Valladolid a los concursos locales y provinciales de gimnasia y “danzas”, quedando en numerosas ocasiones en los primeros puestos, y hoy día sigue causando admiración a todos aquellos que la contemplan, pues el cuidado efectismo que conllevan todas estas danzas de equilibrio así lo propician y más cuando están realizada por mujeres.








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