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Pasacalles de danzantes y danzas “al punteado”

Interpretados por Ricardo Gutiérrez de 70 años (dulzaina) acompañado a la caja por María Victoria Martín y su hermano Ignacio al bombo. Grabado en Urueña (Valladolid) en noviembre de 2002



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Danza de San Roque, contradanza y danza “Viva la Virgen nuestra patrona” de Pedraza de Campos y Mazariegos (Palencia) en ritmos de 8/8 y 5/8.

En Tierra de Campos entre todas las piezas que conforman este abanico de tonadas destacamos sin dudar, las danzas procesionales “puntiadas” o “al puntiado”. Son éstas, danzas de trenzada y compleja ejecución de piernas que se suscriben dentro del antiguo apartado de ritmos de compás de amalgama o irregulares, en este caso de la medida de 8/8 (3+3+2) de la célebre entradilla que abría esta lista, aunque al ser las melodías utilizadas en esta zona de Palencia y Valladolid de carácter binario muy marcado ha hecho, sobre todo en los últimos años, que se acompañasen empobreciendo el toque con un sencillo ritmo de tambor de 2/4 a manera de las clásicas dianas. Ciñéndonos a nuestro ámbito geográfico son las localidades de Mucientes, Cigales, Cabezón, Villalba de los Alcores en Valladolid o esta referidas de Palencia (junto a Ampudia, Pedraza, Valoria , Santa Cecilia y Paredes de Alcor, Fuentes de Nava, Torremormojón, Baquerín, Capillas, etc) algunas de las que han danzado o danzan bajo este esquema rítmico, (si bien algo descuidado y simplificado en su medida actualmente por parte de los músicos de ahora) empleando docenas las tonadas musicales adaptadas a este ritmo, unas antiguas y otras modernas.

La versatilidad de los músicos tradicionales ha hecho que algunas melodías de moda se adaptaran rápidamente a este ritmo para adecuarlas a los bailes y danzas locales. Este ha sido el caso de varias de las danzas punteadas que proceden de tonadillas o cuplés de principios del siglo xx, de tema político o crítica social que imaginamos cantinela en boca de los sectores políticos más liberales. Otras veces son tonadas populares las que se encuadran en este ritmo, contribuyendo más si cabe a acentuar la tradicionalidad del tema, como es el caso de la danza a “San Antonio” que no es sino la melodía popular del romance de “Los pajaritos de San Antonio” que interpretan en tal festividad en Villamartín de Campos (Palencia) o el caso de las dos tonadas o himnos religiosos marianos “Viva la Virgen, nuestra patrona” y “Es María la blanca paloma”, populares en todas las novenas de media España. La danza “la peregrina” es otra melodía que parece que nació para vivir en variantes en el pueblo, ya que conocemos adaptaciones de la música de este romance en ritmo ternario para el baile de jota y fandango, de baile corrido de carácter binario, baile charro y charrada, tejido del árbol o pasacalles de danzantes, elenco de variaciones a las que habría que sumar la “danza al punteado”. Conservamos menos tonadas en compás irregular de 5/8, como los bailes corridos de rueda, redondelas o redondillas en el mismo ritmo, pues apenas han quedado en la memoria de los viejos maestros de música, dada la complejidad de su rítmica que hizo que se apagaran y se simplificaran hacia los ternarios jotescos. Una de ellas no es sino la conocida melodía del “Altísimo Señor”, empleada como himno sacramental o como lazo de paloteo también. Estas danzas, en este último ritmo, se denominan aquí “contradanzas” o “bailadas” (a fin de distinguirlas de las “punteadas” y porque con ellas los danzantes daban la espalda al santo avanzando en la procesión) y se utilizaban para el acompañamiento de autoridades hasta la iglesia y para que la procesión fuera corriendo terreno ya que se danzaban con un paso largo mientras el “punteado” salvo algunos casos se realizaba en el sitio, sin avanzar. Así, tras un punto o señal de inicio y atención (a veces aún oímos a los danzantes mayores la vieja expresión: “¡punto tamboritero!”) se cambiaba de un tipo de danza a otro en el transcurso de la procesión, danzando de espaldas al santo mientras se avanzaba y volviéndose de cara hacia él, tras el punto, con el cambio de ritmo. Este acompañamiento era más frecuente por los Alcores ya que en los demás pueblos como Ampudia, Baquerín o Villerías, se danzaba sólo “al punteado”, de cara y de espaldas al santo o a la Virgen, avanzando la procesión con un redoble de tambor sin dulzaina, perdida ya, imaginamos, la costumbre de acompañarse los danzantes con estas melodías.








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