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Danza del Santo o “La pinariega”

Interpretado por Aureliano Muñoz “Polilo” de 68 años de edad y Modesto Jiménez (redoblante) de Vega de Santa María y Martín Muñoz de las Posada (Ávila)



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Grabado en julio de 1988 en el IX festival de Dulzaina de Ávila.

La otra singular pieza procesional es “La pinariega”, denominación utilizada por Agapito Marazuela para hacer referencia a una melodía original, con muchas variantes o mudanzas que se solía interpretar en las procesiones en las que había danzantes en la comarca de Tierra de Pinares, de Segovia, Soria y de Valladolid. La melodía realmente está extendida por casi toda la provincia de Valladolid, también por la mayor parte de Burgos, el Cerrato de Palencia, Ávila, Soria y el campo de Peñaranda de Salamanca. Los músicos la conocen también como “Baile de la Virgen” o la “danza del santo”. Propia del repertorio de dulzaina es una complicada melodía y de muy difícil ejecución, por la presencia de dobles o triples picados y la rapidez en la secuencia de interpretación de las notas. Se correspondería con un estilo afandangado, basado en la polirritmia y el ostinato dentro de una agrupación binaria en compás ternario. Otras tres melodías con similares características se conservan en la tradición castellana empleadas también en las mismas procesiones, piezas virtuosas de un escogido repertorio propio de los más afamados intérpretes denominadas “la mudanza” o “la antigua jota segoviana” en las versiones de los segovianos Paulino Gómez “El tío Tocino” de Abades, Sixto Montalvo “Saluda” de Zarzuela del Monte, Agapito Marazuela y los “Talaos” de Salmoral en Salamanca. Algunos dulzaineros denominaban a estas mudanzas “aflamencadas” por la semejanza con algunas cadencias flamencas del palo del fandango, cadencias por otro lado muy frecuentes en los toques y cantos de rondeñas y fandangos castellanos, especialmente los que se tocaban en la abulense sierra de Gredos.

En muchas de las procesiones se han substituido desde los años ochenta, estas melodías por populares jotas, que exigen una menor calidad interpretativa de los músicos, teniendo una mayor claridad y sencillez las partes bailables siendo mucho más fáciles de seguir por todos los neófitos, que cada vez con más frecuencia se hacen cargo de las procesiones a medida que van desapareciendo los danzantes.








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