MECyL

La Naturaleza

El cielo • Los meteoros • La tierra • Los árboles • Los elementos • El mundo


La costumbre de las enramadas a las mozas

Contada por la señora Ildefonsa Díez de 87 años natural de Villarrodrigo de la Vega (Palencia), grabada el 20 de agosto de 1993



Escuchar el tema >



V. Los árboles y las plantas

Una de las costumbres que más aviva la memoria de nuestros padres y abuelos es la de las rondas y las enramadas, puesto que significaba el inicio de la adolescencia, y el establecimiento de una relación personal con un ser querido. La ronda de mozos a la salida de la taberna, de noche veraniega o primaveral, la iniciaban armados de guitarra y almirez, gaita, dulzaina o a capella y en coplas y romances los mozos jaquetones declamaban su amor. Las cuartetas o seguidillas hacían sonrojar a la chiquilla que escuchaba tras los cristales del ventano, comparada en un ir y venir de versos con el sol, la luna, las estrellas, las flores o los pájaros más bellos. La primera ronda que echaban los mozos generalmente era a la Virgen.

Para empezar a cantar nos ponemos de rodillas
a la puerta de la Iglesia y hagamos la reverencia.
Aquí me pongo a cantar a la Reina de los Cielos
para que me dé su gracia porque sin ella no puedo.


Otras veces la moza, por el motivo que fuere, no había tenido un comportamiento correcto con algún mozo, le había dado calabazas o le había dedicado con la pandereta en el baile algún cantar desairado. Los mozos aprovechaban así la ronda para devolver la gracia a la muchacha, entonando coplas de peor gusto y menos románticas.

La enramada te ponemos, / pero no como a las otras
con un ramito de roble, / ¡lechona, come abellotas!


Por lo general, la mujer rondada, había de bailar con los mozos que la pidieran o “fiaran” los domingos y fiestas aunque no fuera de su agrado, como ellos antes habían tenido la obligación, estipulada en la sociedad de mozos, de rondar o enramar a todas las mujeres solteras del pueblo para evitar agravios entre ellas.

La víspera de la fiesta local, en mayo, por el Señor o por San Juan y San Pedro eran las enramadas más esperadas, que variaban desde una sencilla rama de chopo a un entretejido de flores, albahaca, tomillo y caramelos que a veces acababan en la barriga del más madrugador, un padre que aprovechaba para dar de comer a los conejos a la mañana o hecha añicos por un desdeñado novio.








Los Animales
La Cosecha
La Indumentaria


La Naturaleza
Las Danzas
Los Bailes


Los Trabajos