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La flor del agua

Romance cantado y recitado por una mujer de 80 años de Adrada de Haza (Burgos). Versión grabada el 26 de marzo de 1982



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28 HEMISTIQUIOS


Mañanita de San Juan cuando el sol alboreaba,

2 estaba la Virgen pura en una fuente muy clara,

lavando sus lindos pies y también su linda cara.

4 Habiéndose terminado echó bendición al agua:

-¡Dichosa la doncellita que aquí venga por agua!


6 Ya la hija del rey desde el jardín lo escuchaba 

cogió su cántaro de oro y su rodillera de plata,


8 y en mitad del camino con la Virgen se encontraba 

-¿Dónde vas tú doncellita tan de pronto y tan mañana?

10 -Señora, voy a coger, a coger la flor del agua 

y también voy a saber si soy doncella o casada.

12 -Casadita has de ser con el príncipe de España,

tres hijos has de tener, todos tres como una espada;

14 tres hijas has de tener, bordadas en oro y plata.

IV. El agua; los rios y los mares

La Cruz santifica también el agua y aquella que se bendice adquiere propiedades medicinales y milagrosas, siempre y cuando venga de mano divina, cercana a la corte celestial o cuando menos que hunda sus raíces en la niebla de lo oculto, dotada de una «gracia» o don, a saber: brujas, curanderas y saludadores. El agua bendita por el sacerdote el día de San Antón, salpica cuadras y calma la sed de los animales del corral, amén de protegerlos contra aojamientos, torzones y otros males, mientras que el agua del Sábado Santo riega el huerto y los árboles de casa, al tiempo que el campo se bendice con el hisopo el día de San Isidro.


Son muchos los momentos de necesidad en los que el hombre recurre al agua para remediar sus males, expulsar demonios, lograr la fecundidad de una mujer estéril que se baña en siete fuentes la mañana de San Juan, adivinar el futuro, además, claro, de procurar la vida de bestias y sembrados. El cantor monegrino de gaita, Simeón Serrate evaluaba algunos en un precioso romance de ronda, que resume de manera sencilla las virtudes del agua:


Con agua se lavó Cristo, se lavó Cristo con agua,


con agua lo bautizaron, lo bautizaron con agua.


Con agua se cría el trigo, se cría el trigo con agua;


con agua muele el molino, muele el molino con agua

y el jardinero bonito riega su jardín con agua,

donde se cría la ruda, la perita y la manzana,

con esto y quédate, adiós lucero de la mañana.



En un mundo más cercano y cotidiano, un sencillo recitado al beber líquidos de dudosa procedencia (aquello de «agua corriente no mata la gente») y la señal de la cruz hecha con la mano bastaban para limpiar el agua de charcas y lagunajos de los que frecuentemente habían de beber los labradores y segadores quienes en sus muchas horas de trabajo habían agotado el agua de barriles y botijas.








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