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Brindis

Recitados por Visitación Fernández de 83 años de edad. Grabada en Lantadilla (Palencia) el 20 de agosto de 1997



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-¿Crees que esto que tengo en mis manos

es el verdadero cuerpo de la uva,


que para ayuda de los viejos


lo metieron en las cubas?

-Si, creo.


-Pues si creéis decid conmigo:

Señor don Tinto yo no soy digno

que entres en mi pobre morada,

que seas puro y no tengas agua,


para ganar el cielo en cá el tabernero,


para ganar la gloria en casa la señá Gregoria.

Subamos el valle, bajemos la cuesta,


comamos y bebamos,


que como estamos de invitados, se joden,


que nada nos cuesta!


Eres vino cristalino que te crías entre verdes matas,

tú me cuidas, tú me matas,


tú eres quien me apaga la sed,


pero vale más un beso en el vino


que ciento en una mujer.

III. Los productos de la naturaleza

Si hubiera que resumir en pocas palabras las necesidades alimenticias del hombre en el mundo bastaría con indicar claramente el pan, el agua y el vino o cualquier derivado alcohólico. Si bien los primeros pertenecen al mundo de la necesidad absoluta, el tercero, que parece más propio del vicio, pasa sin duda por colocarse en este primer orden de la necesidad desde que se destiló o fermentó el primer licor, bastantes siglos antes de que Noé diera buena cuenta de sus parras.

La tradición oral enológica se derrama en múltiples géneros musicales de brindis, cantos de bodega, mandamientos del borracho, pullas, cantos de vendimia y de escavaneo de las viñas, ripios, murgas, canciones enumerativas, acumulativas y hasta los tamborileros maragatos tienen en su repertorio de chifla de tres agujeros una melodía característica llamada el «toque a beber», que tañen en mitad del baile para que los mozos, con él a la cabeza, remojen el gaznate. Aunque sin duda alguna la virtud principal del licor ha sido, y es, la de «facilitar» la ejecución de cualquier otro repertorio de canto, instrumental o de danza sirviendo además el licor por excelencia, el vino, para afinar la embocadura de los dulzaineros o los propios instrumentos, costumbre que ha quedado anotada en numerosas coplillas populares:

La puñetera de mi gaita cuando tiene vino qué bien canta,

cuando no lo tiene ¡se jode y se aguanta!


La guitarra pide vino y las cuerdas aguardiente,


y el mocito que la toca, mocitas de quince a veinte.



Mayoritariamente son más propios los cantos entre hombres que entre mujeres a las que hasta hace poco se las prohibía entrar en las bodegas cuando el vino estaba cociendo ante el temor irracional de perder la cosecha. Son multitud los versos, coplas y pareados dedicados a las generosas propiedades de este licor «criado entre verdes matas, que a los hombres más valientes les hace andar a gatas» y entre ellos destaca el brindis. A pesar de ser canto masculino, la memoria femenina vuelve a ser la depositaria y salvaguarda de esta parte del repertorio tradicional.








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