MECyL

La Naturaleza

El cielo • Los meteoros • La tierra • Los árboles • Los elementos • El mundo


Romance del Conde Niño

Cantado por Micaela Miguel Martínez de 70 años de Brañosera (Palencia), y registrada el 10 de agosto de 1996



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57 HEMISTIQUIOS

Madrugaba el conde Flores la mañana de San Juan
2 a dar agua a su caballo y a las orillitas del mar.
Mientras el caballo bebe se pone a echar un cantar
4 de tan bonito que era y a el caballo hace parar.
Las aves que iban volando abajo las hacía posar,
6 las peces que están en hondo los hacía levantar.
La reina que nunca duerme y a su hija hace despertar:
8 -Despiértate, hija, despierta, que otro rato dormirás,
oirás cantar la sirena y a la orillita del mar.
10 -No es la sirenita, madre, que esa no sabe cantar
es el hijo el conde Flores que por mis amores va.
12 -Si lo hace por tus amores yo lo mandaré matar.

-Si a él lo manda matar, madre, y a mí me puede enterrar-.
14 El por ser hijo de conde lo entierra a pie de altar
y ella por hija de rey una losa más atrás.
16 Del uno nació un olivo, del otro un verde olivar,
la reina cuando va a misa, la rasgan el delantal.
18 Y manda a sus cortadores que los vaya a cortar.
Del uno manaba leche del otro sangre real,
20 de la leche una paloma, de la sangre un gavilán.
y a la orillita del río y allá han venido a posar.
22 Y allí hicieron una ermita
donde ciegos y tullidos allí se iban a curar.
24 La Reina por mala suerte también ha cegado ya
y manda a sus doncellitas que la lleven a curar.
26 Las doncellas han entrado 
la reina no puede entrar.
-Quítate de ahí mala reina no te queremos curar,
28 cuando éramos en el mundo 
tú nos mandastes matar
y ahora que somos santos no te queremos curar.

II. El canto a la primavera

El despertar de la naturaleza

Ya hemos dicho que la naturaleza envuelve al mundo, y rodea con sus brazos las desgracias de los inválidos humanos que somos en realidad. El romance, expresión escrita y cantada de la vida del hombre, acuna su trama frecuentemente con versos en los que afloran las anotaciones paralelísticas con elementos naturales, el cielo y la tierra, mar y aire, animales y árboles. Sirve este marco de colchón al sentimiento humano del amor que no tiene por qué terminar ni mucho menos, en un final feliz. El catálogo general del romancero está lleno de historias que desarrollan sus escenas a fuerza de deliciosos y dramáticos versos que leemos en el Conde Niño o del Prisionero que anotábamos líneas arriba. Versiones de otros romances como Una fatal ocasión, La Pastora devota del rosario, Blancaflor y Filomena, Montesinos o La Infantina, ilustran la miseria humana desenvuelta en bellos parajes, ... donde cae la nieve a copos y el agua serena y fría, donde canta la perdiz y responde el perdigón, y donde verás a la truchita como llamaba al salmón... que introducen un elemento real de espacio y tiempo que hace más verosímil todavía el dramatismo de la desgracia narrada.








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