MECyL

La Naturaleza

El cielo • Los meteoros • La tierra • Los árboles • Los elementos • El mundo


Las Marzas (2)

Fragmento de Mecerreyes (Burgos), cantada por los mozos y vecinos de la localidad el 29 de febrero de 1999



Escuchar el tema >



Esta noche entrará marzo de la media noche abajo
2 cuando el labrador redobla sus afanosos trabajos.
Esta noche también entra
 el bendito Ángel de la Guarda
4 que nos libre y nos defienda y nos ampare las almas.
Esta noche también entra el bendito San Rosendo
6 que nos libre y nos defienda de las penas del infierno.
Tras de marzo entrará abril con las flores relucir;
8 tras de abril entrará mayo con las flores relumbrando.
Mes de mayo, mes de mayo el de los bellos colores,
10 los bueyes se muestran gordos, los caballos corredores,
cuando las cebadas granan los linos están en flores,

12 cuando los enamorados andan en busca de amores.
Unos se halagan con rosas, otros con rosas y flores
14 otros con gallinas pintas, otros con gallos capones.
Unos con naranjas dulces, otros con agrios limones,
16 otros con buenos dineros, aquestos son los mejores.
En la enramada las aves
 cantan sus trinos de amor
18 y en la jaula el pajarito gime con pena y amor.
¡Oh! triste de mí, cuitado, metido en estas prisiones

20 sin saber cuando es de día y apenas cuando es de noche,
sino por tres pajaritos que me cuentan sus amores
22 El uno es la tortolita, el otro es el ruiseñor,
el otro es un pajarillo que canta al salir el sol
24 y volando va diciendo: ¡Libertad es la mejor!
Malhaya sea la escopeta, malhaya sea el cazador,
26 que ha matado un pajarillo de las aves la mejor.
Si lo hacía por la carne, no pesaba un cuarterón
28 si lo hacía por la pluma mejor se la diera yo.
Tras de mayo entrará junio con las hoces en un puño,
30 tras de junio entrará julio segando más a menudo
y después agosto llega con afanes en las eras
32 para recoger el fruto con qué llenar la panera.
Seguido llega septiembre ¡ah,! qué lindo mes es éste
34 que se coge pan y vino pan y vino para siempre.
Si para siempre durara pan y vino no faltara,
36 ni la harina en el molino 
ni las rejas en la fragua.

II. El canto a la primavera

El despertar de la naturaleza

El despertar de la naturaleza, el deshielo, el cosquilleo de la savia de los árboles, la vuelta de muchas aves discurre lentamente con la llegada del mes de marzo. Paralelo a este despertar observamos el desperezamiento de los campos, donde el labrador prepara la tierra, poda la viña y siembra los garbanzos. Este mes primaveral, determina el fin de los trabajos caseros de hilorios, filandares, tresnochos, seranos y veladeros de muchas zonas de nuestra comunidad y que devuelven a la calle la vida que en los meses pasados se hizo en cocinas y socaires. «San Miguel trae la vela y el ángel se la lleva» es el refrán que refiere el final de los veladeros invernales, del trabajo de la rueca y el huso, de la mimbre, la lana y el lino, ante la holgura ya de los días que alargan sus horas al sol.
El nuevo ciclo fue celebrado desde el principio de los tiempos (al menos, nos resistimos a creer que nuestros antepasados de Atapuerca no dieran saltos de alegría en su cueva al ver como se retiraban los hielos, comenzaban a florecer los campos y podían comer algo más que acecinada carne de ciervo) aunque en la península fueron los romanos, especializados en todo tipo de fastuosas fiestas, quienes glorificaban a Jano, dios de la agricultura, a primeros de nuestro mes de marzo dentro de un calendario anual prefijado.
Las fiestas de este tiempo, las marzas o «martas», son herederas de las Kalendae Martiae romanas, que festejaban la llegada del nuevo año (cuando en el mundo romano el primer mes era éste), coincidiendo con la primera luna llena del deshielo, entre febrero y marzo. El canto de las marzas se halla extendido principalmente en las provincias de Cantabria, Burgos, y en la Montaña y valles del Cerrato palentinos aunque en sus estribaciones se celebraban también, en Vizcaya, León e incluso Marazuela recogió algún ejemplo de coplas marceras en San Cristóbal, partido de Santa María de Nieva. Como cualquier otra cuestación los mozos del pueblo recorrían en ronda, al anochecer o poco antes de las doce de la noche, las calles del pueblo entonando en las esquinas, calles o puertas de los vecinos una serie de coplas, más o menos suculentas. Tras la petición de licencias y las alabanzas a los dueños de las casas, entonaban diversos cantos dedicados a la primavera o a las mozas, pidiendo en copla «la costumbre», las dádivas de chorizo, huevos, torreznos o lentejas con las que celebrar una merienda los marzantes en los días siguientes. Éstos se acompañaban en algunas zonas norteñas de «los ramajeros», personajes revestidos de ramas y hojas de los árboles en una figura que redunda más si cabe en la idea de la adoración de la primavera, del árbol venerado y de la naturaleza que nos envuelve, al modo del Hombre-Vegetal de los dibujos de J.Casé en El Compendium Anatomicum del XVII. Este hombre natural desarrolla las raíces en sus pies, mientras que sus brazos y piernas extendidos se ramifican y fructifican según modelos renacentistas y nos recuerda nuevamente a los niños que se envuelven en ramas para la fiesta de los mayos de Villafranda (León) o a los hombres-musgo que acompañan la Custodia Sacramental en Béjar (Salamanca).
Son varios los tipos de marzas y difieren mucho unas de otras. Algunas son larguísimas compilaciones de versos y otras son más someras en las que tras un saludo inicial y un recuerdo a la cercana cuaresma las coplas muestran su carácter: la petición de viandas.








Los Animales
La Cosecha
La Indumentaria


La Naturaleza
Las Danzas
Los Bailes


Los Trabajos