MECyL

La Naturaleza

El cielo • Los meteoros • La tierra • Los árboles • Los elementos • El mundo


Las Marzas (1)

Versión de San Martín de Perapertú cantada por David Martín de 68 años de edad. Grabado el 8 de agosto de 1995



Escuchar el tema >



Si es descortesía o es desobediencia
2 en casa de nobles cantar sin licencia.
Si nos dan licencia, señor, cantaremos,

4 con mucha prudencia las marzas diremos.
Las marzas son santas, son santas y buenas,
6 que tengan ustedes buenas cuarentenas
Marzo riscocho y abril lluvioso,

8 sacareis a mayo florido y hermoso.
Mayo florido, seas bienvenido

10 con el mucho pan con el mucho vino
Ya nos llega el tiempo de la penitencia,
12 coger el rosario ir a las iglesias
Benditos oídos que oyen cosas buenas,
14 benditas las manos que rosarios llevan
Traemos un burro cargado de nada,
16 no rosna por pienso paja ni cebada,
que rosna por huevos y buenas tajadas.
18 Traemos un burro cargado de aceite
para freír los huevos que nos dé la gente.

II. El canto a la primavera

El despertar de la naturaleza

El despertar de la naturaleza, el deshielo, el cosquilleo de la savia de los árboles, la vuelta de muchas aves discurre lentamente con la llegada del mes de marzo. Paralelo a este despertar observamos el desperezamiento de los campos, donde el labrador prepara la tierra, poda la viña y siembra los garbanzos. Este mes primaveral, determina el fin de los trabajos caseros de hilorios, filandares, tresnochos, seranos y veladeros de muchas zonas de nuestra comunidad y que devuelven a la calle la vida que en los meses pasados se hizo en cocinas y socaires. «San Miguel trae la vela y el ángel se la lleva» es el refrán que refiere el final de los veladeros invernales, del trabajo de la rueca y el huso, de la mimbre, la lana y el lino, ante la holgura ya de los días que alargan sus horas al sol.
El nuevo ciclo fue celebrado desde el principio de los tiempos (al menos, nos resistimos a creer que nuestros antepasados de Atapuerca no dieran saltos de alegría en su cueva al ver como se retiraban los hielos, comenzaban a florecer los campos y podían comer algo más que acecinada carne de ciervo) aunque en la península fueron los romanos, especializados en todo tipo de fastuosas fiestas, quienes glorificaban a Jano, dios de la agricultura, a primeros de nuestro mes de marzo dentro de un calendario anual prefijado.
Las fiestas de este tiempo, las marzas o «martas», son herederas de las Kalendae Martiae romanas, que festejaban la llegada del nuevo año (cuando en el mundo romano el primer mes era éste), coincidiendo con la primera luna llena del deshielo, entre febrero y marzo. El canto de las marzas se halla extendido principalmente en las provincias de Cantabria, Burgos, y en la Montaña y valles del Cerrato palentinos aunque en sus estribaciones se celebraban también, en Vizcaya, León e incluso Marazuela recogió algún ejemplo de coplas marceras en San Cristóbal, partido de Santa María de Nieva. Como cualquier otra cuestación los mozos del pueblo recorrían en ronda, al anochecer o poco antes de las doce de la noche, las calles del pueblo entonando en las esquinas, calles o puertas de los vecinos una serie de coplas, más o menos suculentas. Tras la petición de licencias y las alabanzas a los dueños de las casas, entonaban diversos cantos dedicados a la primavera o a las mozas, pidiendo en copla «la costumbre», las dádivas de chorizo, huevos, torreznos o lentejas con las que celebrar una merienda los marzantes en los días siguientes. Éstos se acompañaban en algunas zonas norteñas de «los ramajeros», personajes revestidos de ramas y hojas de los árboles en una figura que redunda más si cabe en la idea de la adoración de la primavera, del árbol venerado y de la naturaleza que nos envuelve, al modo del Hombre-Vegetal de los dibujos de J.Casé en El Compendium Anatomicum del XVII. Este hombre natural desarrolla las raíces en sus pies, mientras que sus brazos y piernas extendidos se ramifican y fructifican según modelos renacentistas y nos recuerda nuevamente a los niños que se envuelven en ramas para la fiesta de los mayos de Villafranda (León) o a los hombres-musgo que acompañan la Custodia Sacramental en Béjar (Salamanca).
Son varios los tipos de marzas y difieren mucho unas de otras. Algunas son larguísimas compilaciones de versos y otras son más someras en las que tras un saludo inicial y un recuerdo a la cercana cuaresma las coplas muestran su carácter: la petición de viandas.








Los Animales
La Cosecha
La Indumentaria


La Naturaleza
Las Danzas
Los Bailes


Los Trabajos