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La Indumentaria

La desnudez • La identificación • La visión de los otros • Vestir y desvestir


La gala de la boda

Cantado por la señora Alonso de unos 55 años natural de Zarzuela del Monte (Segovia) y grabada en Vegas de Matute, 19 de mayo de 2002



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Toma, niña, este dinero pa que compres un vestido
y si no tienes bastante que te lo de tu marido.
Vuele la palomita, bien puede volar,

y el padre de la novia, bien puede pagar.

Las bodas y los lutos

Acabamos este largo repaso de letras y tonadas con aquellas que afloraban en dos momentos de alegría y tristeza de los hombres: las bodas y los lutos. El día del enlace la novia aparecía radiante, con un cuidado indumento que llamaba la atención en los cantares que le dedicaban las amigas o los comensales camino de la iglesia o durante la celebración:

Mírala que es como un sol, relumbra como una estrella,
blanca como flor Diana, cuando asoma por la sierra.
(de la enhorabuena de la boda, La Pernía, Palencia)

En épocas pasadas solían, siguiendo una antigua costumbre, llevar consigo en este cambio de estado todo su ajuar y mostrarlo a los convecinos y familiares. Así no es raro encontrar testimonios de personas que contaban cómo sus madres o abuelas llevaron hasta una docena de manteos a la boda, cada uno más corto que el siguiente y que habían de colocar subiendo a la novia sobre una mesa para poder asentar cada uno de ellos. Las vestimentas propias de este día eran las vistas, denominación heredada de tiempos pasados, cuando en las bodas por interés se fijaba un día concreto para ir a ver a la novia y conocerla. Este traje en muchos lugares no se volvía a poner hasta el fin de los día de la dueña, sirviéndo de mortaja.

Qué bien te están esas vistas, que te puso la madrina.
ni te están cortas, ni largas, que te están a la medida.

(Villota del Duque, Palencia)








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