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La Indumentaria

La desnudez • La identificación • La visión de los otros • Vestir y desvestir


El capotiño

Versión de Paulino Díez, de 70 años de edad y natural de Rebanal de las Llantas (Palencia), cantada en agosto de 1999



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Lo que se usa no se excusa y en mi no caiga la falta
la que no tiene capotiño dicen que ya no se casa.
-Hija mía, no seas tonta, lo primero es el comer.

-Madre mía, no sea tonta la barriga no se ve-.

Ya la compró el capotiño
 
de baeta de cien hilos,
cien ducados ha de traer el que se case conmigo.
Ya llegó el de cien ducados
 a pretender la Bartola
hoy se casan, mañana se esposan

con mucha alegría se hizo aquella boda.
A otro día de casada le ha pedido la basquiña;
no la ha pintado tan mal la mulló bien las costillas.
-Maldito tú seas, que el diablo te lleve
que de arriba abajo tol cuerpo me duele-.
Y ahora vamos a ver lo que la mandó su madre:

lo primero que la mandó una cama sin pilares,
un colchón agujereado que las lanas se le salen.

También la mandó un borrico lleno de calamidades,

que tenía una matadura desde el hocico hasta el mamen.

El tocado de la mujer

La capa y el capote –algo más corto que la capa y sin esclavina, más propio del monte–, el capuchín o el capotillo servía de abrigo a los pastores en el monte, de mullido lecho sobre el que reposar y de paraguas en caso de lluvia pues la trama prieta del tejido impedía el paso del aguacero.
¡Ay! mi capa nueva que anoche la jugué,
¡ay! señor amo ¿dónde dormiré?








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