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La Indumentaria

La desnudez • La identificación • La visión de los otros • Vestir y desvestir


Tengo una gorra verde (Juego infantil)

Vecinas de Valleluengo (Zamora) en 1987



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Tengo una gorra verde, fuma, da,
que la tengo desteñida fuma, da,
¡qué cañonazos! fuma, da,

¡qué escopetazos! fuma, da.
Que se vuelva la Carmen de culazos...

Tengo una gorra verde fuma, da,
que la tengo desteñida fuma, da,
que la tengo que teñir,

con la sangre de fulana...

Tocados de la cabeza

Mostrar los cabellos descubiertos al aire, desde épocas remotas venía a distinguir a las mujeres jóvenes de las mayores, a las vírgenes y solteras de las casadas, que recogían sus cabelleras en trenzas y tocados. Aparecer en público con los cabellos entrelazados, la cabeza y los hombros bajo toca se ha considerado un acto de respeto hacia los demás, obligado en algunas salidas a la calle, actos públicos y religiosos. La variedad de tocados conocidos en los dos últimos siglos es inmensa. El más frecuente fue la montera de paño, piel de cordero, nutria, garduña o conejo que coronaba, con orejas laterales que se bajaban en caso de frío o aire, la cabeza de hombres y mujeres. Prenda de trabajo y de diario se adornaba y enriquecía con terciopelos y brillos hasta convertirse en señas de identidad festiva representativa del vestir popular en algunas comarcas españolas.

La colocación de los tocados variaba en las zonas y en cada persona adquiría un lenguaje diferente dependiendo de su estado de ánimo. El sombrero echado hacia adelante, hacia atrás o a «la media fortuna» pintaba al hombre un semblante temerario, orgulloso o chulesco.

Con ese sombrero gacho me pareces un ladrón,
y no digo de dinero, digo de mi corazón.

El sombrero alicaido nunca lo he podido ver,
ahora lo lleva mi amante y me parece un clavel.

Échate el sombrero atrás que se te vean los ojos,
esos ojos de coral y ese moreno gracioso.








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