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La Indumentaria

La desnudez • La identificación • La visión de los otros • Vestir y desvestir


Juan un sombrero compró

Décima cantada por Teresa Molpeceres de 50 años de Olmedo (Valladolid) en 1984



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Juan un sombrero compró
el último figurín

y trajo tanto trajín

que al fin dél ya se cansó.

Así me figuro yo

que las mujeres harán

al principio mucho afan,
mucho amor y gran placer
y luego vienen a ser

lo que el sombrero de Juan.

Tocados de la cabeza

Mostrar los cabellos descubiertos al aire, desde épocas remotas venía a distinguir a las mujeres jóvenes de las mayores, a las vírgenes y solteras de las casadas, que recogían sus cabelleras en trenzas y tocados. Aparecer en público con los cabellos entrelazados, la cabeza y los hombros bajo toca se ha considerado un acto de respeto hacia los demás, obligado en algunas salidas a la calle, actos públicos y religiosos. La variedad de tocados conocidos en los dos últimos siglos es inmensa. El más frecuente fue la montera de paño, piel de cordero, nutria, garduña o conejo que coronaba, con orejas laterales que se bajaban en caso de frío o aire, la cabeza de hombres y mujeres. Prenda de trabajo y de diario se adornaba y enriquecía con terciopelos y brillos hasta convertirse en señas de identidad festiva representativa del vestir popular en algunas comarcas españolas.

La colocación de los tocados variaba en las zonas y en cada persona adquiría un lenguaje diferente dependiendo de su estado de ánimo. El sombrero echado hacia adelante, hacia atrás o a «la media fortuna» pintaba al hombre un semblante temerario, orgulloso o chulesco.

Con ese sombrero gacho me pareces un ladrón,
y no digo de dinero, digo de mi corazón.

El sombrero alicaido nunca lo he podido ver,
ahora lo lleva mi amante y me parece un clavel.

Échate el sombrero atrás que se te vean los ojos,
esos ojos de coral y ese moreno gracioso.








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