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La Indumentaria

La desnudez • La identificación • La visión de los otros • Vestir y desvestir


Vestir al viejo

Versión de Riomanzanas de Aliste (Zamora), cantada por Magdalena Nogal de 61 años. Registrado en 1981



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Tengo un viello en casa ¡bueno y malo!,
fuíme en animando y le compré...
Compreíle una camisa,

después de encamisado,
tengo un viello en casa ¡bueno y malo!
Fuíme en animando y le compré:
compreile unos calzones,

después de encamisado, encalzonado,
tengo un viello en casa ¡bueno y malo!
Fuíme en animando y le compré,
compreile una chaqueta,
después de encamisado, encalzonado, enchalecado,
tengo un viello en casa ¡bueno y malo!

Fuíme en animando y le compré.

Compréile unos zapatos,
después de enzapatado, encamisado, encalzonado,
tengo un viello en casa bueno y malo.

Fuíme animándome y compré.

Compréile una faja...
Compréile un sombrero...

La faja

Apesar de la universalización de esta prenda todavía en algunas comarcas castellanas se atestigua el uso del calzón sujeto únicamente por correas de cuero a la cintura o un esquero, con un par de botones o unas cintas laterales como nos recuerda Cervantes al describir el vestir de Sancho quien en un momento »se soltó la lazada corrediza con que los pantalones se sostenían, sin ayuda de otra cosa y, en quitándosela, dieron luego abajo, y se le quedaron como grillos...». Mayormente la fuerza del paño aguantaba, como sucedía en Aliste o la montaña palentina, por sí sola los calzones. La faja, más tardía, iluminó en verdes, azules y rojos el tristón panorama de un castellano vestido de pardo o negro sayo a lo largo del XIX –abandonando el colorido de siglos anteriores– y en estambre de algodón o seda ricamente bordada en ocasiones, se lucía por fuera del pantalón o por dentro como abrigo. Bien ceñida –atada desde la albarda del burro o desde los barrotes de la cama de hierro ante la falta de otras manos que estirasen– y cuidada colocación, no pasaba desapercibida en la ronda o en el baile:

No porque seas buen mozo extiendas tanto la faja,
también a los buenos mozos se les dan las calabazas.

Date la vuelta majo,
que se te vea,

esa faja encarnada
que te rodea.


Prenda de diario, protegía los riñones de un mal aire –las hernias y lumbagos–, sirviendo también de bolsa de transporte pues en ellas –algunas excesivamente anchas–, se llevaba la bolsa de los cuartos, la navaja, el moquero, el tabaco, el chisquero y pedernal, la vara de arrear las caballerías y hasta alguna gallina o algún pequeño marrano mercado en la feria.

Anoche en la ronda
perdí la faja,

el pañuelo de seda
y la navaja.

Para pasear tu calle no necesito navaja

que ese novio que tú tienes me lo meto yo en la faja.

Los mozos de Becerril tienen que gastar dos fajas
porque con una no pueden sujetar las calabazas

.








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