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La Indumentaria

La desnudez • La identificación • La visión de los otros • Vestir y desvestir


La bata

Cantada por Gregoria Perez de 75 años de Almendra del Pan (Zamora). Hacia 1985



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Tengo de hacer una bata del color del perejil
para que las envidiosas se acaben de consumir.
La bata porque sí, la bata porque no

la bata me la pongo cuando quiero yo.

Tengo de hacer una bata del color del caramelo
para cuando me la ponga me salga un novio torero.
La bata porque sí...

Tengo de hacer una bata del color de chocolate

para cuando me la ponga me salga un novio estudiante.
La bata porque sí...
Que con la bata sí, que con la bata no

que con la bata, madre, tengo novio yo.

La moda puesta en coplas

La valoración en toda sociedad del hábito moderno se hizo desde dos puntos de vista muy claros, el del propietario que lucía la prenda y de aquél, el otro, que junto a la comunidad veía en la prenda un atentado a las normas y conductas establecidas en la tradición del pueblo. En todo colectivo amplio existe un grupo económicamente superior y con deseo de diferenciación –en el sentido de poder adquirir producciones fuera del entorno o las que llegaban a él procedentes del lugares remotos– que ha querido destacar por encima del común por el uso de galas y lujos nada propios en el terreno que pisaban. La voz en copla del pueblo se encargó de segar la cabeza de todos aquellos que despuntaban, aunque con el paso del tiempo y el desarrollo pleno de la moda acabarían cayendo todos en el mismo cesto, valorando más lo de fuera que lo de dentro, lo foráneo que lo propio. Todo ello dio lugar a enfrentamientos –la eterna lucha de clases en el fondo– entre los partidarios de lo nuevo y de lo viejo, de las prendas locales frente a las urbanas. En este sentido son comunes los comentarios románticos, y también actuales, entre los partidarios de los bailes sueltos antiguos, de gaitas y panderos frente a las bandas, acordeones y bailes agarrados. En fin, la juventud contra la vejez, la saya contra el polisón, el calzón frente al pantalón y las albarcas de cuero frente a las botas. El uso moderno de volantes, enaguas, galones, puntillas en los refajos –lujos que en cada época tenían que ser recortados ante su abuso con pragmáticas reales– y la ropa interior entre las clases rurales cuyas mujeres separaban la larga camisa de lino en una corta chambra y una faldilla del algodón, mientras los hombres comenzaban a usar de forma habitual los calzoncillos, cerraron la puerta a una estética artesana que alcanzó unas cotas elevadísimas de diseño y elaboración.

Volantes lleva la Aurelia, volantes con ilusión,
piquitos en las enaguas, zapatitos de charol.
Los mocitos de hoy en día todos usan calzoncillos,
y las mozas pa ganarles, delantal y dos bolsillos.
Estaba la valenciana sentadita en el balcón

y el marqués le estaba viendo los picos del pantalón.
Los mocitos de Robleda gastan pantalones largos
y no gastan calzoncillos porque el lienzo está muy caro.








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