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La Cosecha

La siega • La trilla • La maja • El acarreo


Costumbres del final de la maja

Manuel Prada de unos 70 años de edad, y su mujer Joaquina Sampedro de 55, naturales de Santiago de la Requejada (Zamora), en 1981



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¿Y saben lo que hacían los chicos a media erada, que le llamábamos?, cuando estaba toda la paja tirada, pues agarraban las zepatillas de las chicas y las dejaban descalzas y las subían pa la punta arriba del...

-Esas eran costumbres que no se cantaban, esas se hacían pero no se cantaban-.

-Y, entonces, pues, las dejaban allí, y subían a buscarlas pero no...

-En mi mocedad na más le quitaban los mandiles, las zapatillas no, porque no las llevaban.

-¿Y luego saben que hacían? Se hacía en un pote grande, se preparaba bacalao, patatas y arroz y luego, y luego... Eso para desayunar, por la mañana se llevaba en una cazuela grandona unos trozos grandes de patatas y unos trozos de tocinu fritos,

-¿de desayuno?

-De desayuno, y dispués unos trozos grandes de cebolla y con el tocino frito se le echaba un mojo mu grande por arriba, claro y pan y eso, y al final pues todo el mundo allí picar, pero unos cachos gordos, se comía todo aquello, (toda la gente en corro), todo claro, que a lo mejor éramos cien personas y todo eso, pues todo alrededor, pues iban comiendo y luego en... al final de eso con tanta grasa que había le echaban vino, se echaban unos tragos de vino de aquella grasona que se mataban vivos. Pero luego por la tarde le llamaban la colebra, y cuando estaban ya a la última erada para terminar la era...

-Le llamaban la colebra pero no había culebra ni víboras.

-Bueno, él ya comprenderá...

-No, que hay que explicarlo, coño, no una colebra cualquiera.

-Y llegaban a las campanas y ya sabían, un poquito antes como ya sabíamos la hora, aproximadamente las que quedaban en casa a lo mejor tres mujeres cocinando los potes esos, con arroz, bacalao y fréjoles, judías verdes, todo eso, pues ya tenían que tener cuidao porque salían tres escondidos, y le cogían los potes en un palo y se lo llevaba por el pueblo adelante pa la era. -Aquí, la colebra se le llamaba, cuando se le echaba el último manojo, el último haz tendido para majarlo, cuando se echaba el último, cogían al dueño de la maja, entre dos lo montaban así al caballicos, un hombre de un lao y otro a otro, y pues lo llevaban pa casa y otro hacíendo la juega con un baleo, pegándole al amo de la casa o con el último manojo, dándole manojazos. Le llevaban hasta casa. Cuando le llevaban hasta, hasta casa ya le tenían la sopanvino, y le daban la sopanvino, a los que le llevaban y los que iban todos con él, claro, el que era pobri iba, el...claro que y eso llamaban la culebra.
-Y entonces los otros tocando las campanas, tin, tán, tin, tán.
-Sí, el repiquete de la terminación del ramo de la boda. -¿de la boda?

-De la maja.

La maja del pan

Esto recuerda lo que en algunos países se hace con quien ata la última gavilla de la siega; Frazer comenta así:

Hemos visto que en la Europa moderna, la persona que corta, ata o trilla la última gavilla se expone a menudo a un rudo trato a manos de sus compañeros de labor. Por ejemplo, le ataban a la última gavilla y envuelto entre sus espigas le conducen o acarrean, le golpean, le mojan, le vuelcan sobre un estercolero y demás lindezas. O, si se le ahorran estas bufonadas, queda por lo menos sujeto al ridículo o se piensa que está destinado a sufrir alguna desgracia en el transcurso del año, por eso los segadores esquivan naturalmente dar la última hozada en la siega, o el último golpe de trigo o mayal, o gavillar el último ház, y cuando se está terminando la faena esta aversión produce una emulación entre los labriegos que les hace esforzarse para terminar su cometido tan pronto como pueden, con la idea de escapar de la aborrecible distinción de quedar el último.

La comida de los segadores solía consistir en un desayuno a las seis de la mañana, de queso o chocolate. Se les daba también un litro de vino y un pan de kilo por persona. A las ocho descansaban para el almuerzo, en el que consumían sopas de ajo y un cacho de longaniza, farinato o una tortilla. Al ángelus se detenía de nuevo la labor para la comida que consistía en un cocido con tocino, garbanzos y carne: el chorizo solía guardarse para la merienda, que era a eso de las cinco. De cena comían, generalmente, patatas o alubias con costilla de cerdo, aunque no siempre era tan generosa la comida que compensase del esfuerzo de los trabajadores sobre todo en el caso de los jornaleros contratados. En numerosas ocasiones las quejas llegaban a oídos del ama en forma de canción, quien detrás del ahorro estiraba demasiado el caldo del cocido en el que apenas nadaban algunas tajadas de «lo gordo» del cerdo.

A la siega segadores
que a la noche cenaréis,
entre dos una sardina
entre cuatro, dos tenéis.








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