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La Cosecha

La siega • La trilla • La maja • El acarreo


Costumbres de la maja: Cantos para barrer la era y de la tornadera

Relatadas por Manuel Prada de unos 70 años de edad, natural de Santiago de la Requejada (Zamora), en 1980



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Normalmente se echaban del montón ese, de las medas del pan, cuando, el pan, esos montones si les has visto, las medas que llamamos aquí nosotros, bueno pues se echaba en tres veces en el suelo, para darles con manales, se echaba en tres veces. La última vez que se echaba, entonces, que era lo que le decían ellos el ramo, cogían de un manzano, cortaban una caña llena de manzanos, de manzanas, le quitaban las hojas todas, no dejaban más que las manzanas y la plantaban en la metád del, de la.., en la mitad mismo en donde estaba ahí eso tirao, la paja tirada, se llama eral, que le llamaban eral. Entonces cuando, al principiar a majar, sabes, era cuando se cantaba esto, y no se paraba de cantar aunque se repitiera tres o cuatro veces la misma letra, no paraban de cantar hasta que no llegaban al ramo. Cuando llegaban al ramo, que le daban con los manales, con los palos al ramo, entonces tiraban todos los manales al suelo, los palos de las manos no, los que majaban quedaban sobre el pan, en la paja, pun en el suelo y principiaban a relichar como caballos, hijiiiiiii,hijijiji.. armaban una escandalizadera, principiaban a dar unos gritos y unas cosas y entonces tenía el amo de la maja que ir con el asopanvino, tenía que ir con el sopanvino...

Y luego después, para hacer... barrer, juntar el grano en un montón, se llamaba barrer, era cuando cantaba eso, tantaran... lo del gato...

Sentado se estaba el gato / y en sillas de oro sentado

que por lo general se ponían dos a barrer juntos, uno iba de espalda y el otro iba de cara, y entonces con los dos barrenderos juntos a la vez, los dos a la misma vez y entonces el otro contestaba:

Calzando medias de seda / con zapatillo picado.

Y entonces el otro decía:

cartas le han venido, cartas, / que había de ser casado.
(se relevaban cantando)

y el otro decía:


con una gata ...

la pareja, y había veces que se juntaban mujeres, hombre y mujer, a barrer, bueno, claro que llevaba el barredero generalmente era el hombre, fuerza más, en fin más..., pero como cantaban al turno la mujer y él, hacía muy bonito porque ella cantaba en voz de mujer y él en voz de hombre, no cantaban parejos, no, a la alterna, alternativos... ¡Estaba muy bonito eso, hombre!

Y después para... de que se quitaba toda la paja, de arriba el grano que se majaba, se quitaba toda la paja, la espiga menuda, sabe, con un rastro, con un haz de salguera, con la mimbre larga, se baleaba, se baleaba y después también, y entonces cuando ya juntaban los de los baleos, que eran las mujeres por lo general, juntaban ya bastante espiga junta, entonces iban con las tornaderas los hombres y se la llevaban pa adelante, pa que pudieran volver a juntar ellas más, y entonces pues claro, cuando se echaba con la tornadera eso pa adelante se cantaba:

Cómo quieres amante
que yo te escriba

si todos me conocen
la letra mía,
olé, olé, olá

coge, niña, ese majo
cógelo que se va.

Y esto al pas.. al compás de los pasos, que todo y cada uno tiene su música pero en su compás, y esto lo aplicas para cuando se estaba...y no te va, cuando lo aplicas cuando se va majando y no te va. ¡Huy! ahí se cantaba y para ¿volver la erada? la mujer, Joaquina si de eso si se tiene que conocer...

La maja del pan

Como en el caso de la siega, esta faena utiliza preferentemente en la horas centrales de mayor desarrollo del trabajo el soporte musical de esta «gracia» que sirve de melodía a diferentes romances como el que apuntamos aquí de La Infantina y el caballero burlado u otros como La Pastora y la Virgen, La Virgen y el ciego, La rueda de la fortuna, Sufrir callando o El conde preso. La belleza de las tonadas de siega y maja llenas de melismas, arcaismos textual y modales, añade una nota melancólica y nostálgica en el trabajo, aumentándolo más si cabe en vez de servir de alivio.

El romance insiste en muchos de los cantos agrícolas, que como género tradicional de máxima expresión de la literatura nacional, parece culminar el más ansiado proceso de labor en el campo, la recolección de los frutos. Se cantan romances en la siega, en la trilla y en la maja, y hasta barriendo el grano aparvando en la era aparecen versiones dispares romancísticas

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