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Los animales en libertad • Los animales domesticados • Los animales fantásticos


Los ojaranquillos (Cuento)

Narrado por Amalia Gómez de 72 años de edad. Natural de la Overuela (Valladolid). 1977



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Pues dice que antes, pues no había más que a lo mejor en el pueblo una escopeta solo, en tol pueblo, y nevaba mucho por allí, y a la entrada invierno pues iban a hacer la harina pues pa tol año, cada uno molía lo suyo, todos eran molineros, lo llevaban con salvao y todo y todos eran molineros. Y a un padre y un hijo pues dicen que salió tarde y llegó y estaba otro moliendo y le dice al chico:
–Me voy a por la cena–, dice, –porque vamos a acabar.., vamos a estar toda la noche moliendo porque éste acaba tarde–.
Y antes de venir el chico tenían una lumbrada en el medio puesto del molino y alrededor estaban las piedras y la lumbre era en el suelo. Y dice que por la puerta de arriba, el chico, no, el chico había ido a por la cena y el padre había visto asomar un ojo por un agujero que había. Y claro dice:
–¡Ay, ahora que tiene que venir el chico!, pues voy a hacer como que no le he visto–.
Y cuanto llegó el chico por la puerta de abajo, cerraron y dice:
–Cállate hijo que están los ojaranquillos ahí a ver qué nos hacen–.
Y dice:
–Vamos a sentarnos como si tal cosa, pero voy a meter esta barra,– la que tenían para levantar las piedras–, en el fuego y la metió en el fuego–
Con que ya dicen – ¡Mira ahora!, está mirando otra vez–.
–Le veían brillar el ojo, tenían dos cuernos y un ojo en el medio y salían de ahí de la Montaña y cogió y ya el ojaranquillo se debió ir a por un palo para apalancar la puerta para entrar y ya el chico dice:
–Mira, estamos perdidos como vengan, dice, pues me voy apostar a la puerta y cuando veas el ojo me haces así y yo le meto el hierro pol ojo–.
Y así fue, el hierro caliente se le metió pol ojo y creo que unos chillidos y el padre y el hijo se marcharon corriendo para el pueblo. Y a la entrada del pueblo le pasaron dos cosas, estaba nevando. En la entrada del pueblo le salieron unos cuantos lobos y el padre se cayó y el chico se echó a correr y como hasta que buscó la escopeta en tol pueblo que había una pa espantar a los lobos, pues ya le habían empezado por los pies pa comer, por las botas como iba en el burro haciendo así, pues le habían roto, comido los pies, y..., amos las botas sólo y luego después al otro día, pues fueron a por la molienda y estaba el molino, le habían quemado los ojaranquillos en venganza. Dicen que había muchos, sí sí, sí, existían allá en la Montaña.
–¿Pero que eran lo ojaranquillos?
–Pues como un hombre, como un arangután, una cosa así, una cosa en bruto. Sí les he visto yo un día sí, con un ojo sólo en la frente.
–¿Pero con un ojo sólo?
–Con un ojo sólo en la frente, cuando me le contaban a mí estaba yo viendo el ojo por ahí.

III. Los animales fantásticos

Aurelio M. Espinosa reunió para sus Cuentos Populares una versión en 1936 de los ojarancos de Navas de Oro (Segovia) y todavía, fuera de esta área montañés, aparece alguna bruja, la Madre Ojanca en los cuentos de Ciudad Real de Julio Camarena, publicados en 1986 y la figura de la Ojáncana y el Pelujáncanu de las Hurdes cacereñas.








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