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Los Animales

Los animales en libertad • Los animales domesticados • Los animales fantásticos


La fiera Cuprecia

Versión cantada por Agustina Barreda de 65 años de edad, natural de Rebanal de las Llantas (Palencia) y registrada en su casa de Palencia en marzo del año 2000. Esta versión fragmentaria cantada que editamos pertenece a la variante del área norteña y se ha completado con un texto de Lomeña–Basieda (Cantabria), de Juliana Díez de 67 años de edad grabado el 1 de julio de 1977



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128 HEMISTIQUIOS

Ni en la historia más antigua / ni en África ni en Grecia
2 se ha visto fiera tan mala / como la fiera Cuprecia.
Este monstruo sanguinario / se vio por primera vez
4 por una joven de España / valiente y noble mujer.
En Melilla se encontraba / lavando muy descuidada
6 cuando se halló de improviso / por la Lucrecia atacada.
Su padre y un hermanito / se hallaban cortando leña
8 a los cuales destrozo / aquella maldita fiera.
Su hermano quiso escapar, / pero la fiera enseguida
10 también se apoderó de él / destrozándole enseguida.
La joven quiso escapar / a dar parte decidida
12 y al pueblo pudo llegar / angustiada y afligida
A casa del juez llegó / aquella joven hermosa
14 y al punto parte le dio / de aquella fiera horrorosa
El señor juez le pregunta / por las señas de la fiera
14 y ella con dulces palabras / le dice de esta manera:
–Tiene boca de león, / los cuernos de toro bravo,
16 pelo como una mujer / y las alas de pescado.
Las uñas como puñales, / las orejas de carnero
18 y en el rabo una cruceta / que causa temor el verla.
Yo descuidada me hallaba / cuando la fiera salió
20 del río dando bramidos / y a mi padre destrozó.
Mi hermano quiso escapar / pero la fiera enseguida
22 también se apoderó de él / destrozándole enseguida–.
Entonces, el señor juez / ordena con ley severa
24 que salgan cincuenta moros / por ver si matan la fiera.
Cansados de caminar / por todas aquellas praderas
26 Ya se iban a retirar / sin encontrarse la fiera,
cuando de unos matorrales / sale aquel monstruo feroz
28 y a cuarenta y siete moros / con sus garras destrozó.
Los otros que quedaron / huyen con miedo fatal
30 asustados y aturdidos / de aquel terrible animal.
Entonces la morería / y a casa del señor juez:
32 –Y matar ese animal / no nos mande usted otra vez–.
Entonces el señor juez, / con fuerte serenidad:
34 –No vos queda otro remedio / que matar ese animal–.
Entonces la morería / con ilusión verdadera;
36 salen doscientos armados / por ver si matan la fiera.
Pero la fiera furiosa / dando terribles bramidos
38 a ciento cincuenta moros / dejó en el suelo tendidos,
y los otros que quedaron / a Mahoma exclamaban
40 y por correr más aprisa / las escopetas tiraban.
Entonces el señor juez / dio parte al gobernador
42 de los destrozos causados / por aquel monstruo feroz.
El gobernador ordena / con fuerte serenidad
44 dar mil duros como premio / a quien la pueda matar.
Entonces aquella joven, / que todo lo estaba oyendo,
46 se presenta al señor juez / estas palabras diciendo.
–Si usted tiene la bondad / de darme lo que me pida
48 yo le doy muerte a esa fiera / si no me quita la vida
Necesito una escopeta / y un machete bien cortante
50 para dar muerte a esa fiera / terrible y horrorizante–.
Entonces la morería / gritaba con gran verdad:
52 –Señorita no se atreva, / mire que la va a matar
–¡Callad moros del demonio / no gritar con tanto alarde!
54 que sois más malos que judas, / asquerosos y cobardes
–Caramba con la blanquita–, / dicen todos ofendidos:
56 –Y aunque somos de color / también somos bien nacidos–.
Pero la joven entonces / sin atender a palabra
58 y toda la morería / la iba siguiendo detrás.
Detrás de árbol se pone / la española decedida
60 y hace un certero disparo / cayendo la fiera herida.
Luego coge su machete / con arrogante valor
62 y le corta la cabeza / a aquel animal feroz.
–¡Viva la gente española!– / gritaba la morería,
64 –¡Que jamás se ha visto en ella / bajeza ni cobardía!–.

III. Los animales fantásticos

Nuestra imaginación actual, tan escasamente desarrollada gracias a la acumulación de las miles de imágenes diarias que recibimos que impiden cualquier capacidad de sorpresa y emoción, era desbordante en las mentes de nuestros padres y abuelos. El paso del tiempo en esta sociedad que vamos a llamar moderna no ha podido borrar completamente, por fortuna, los vestigios humanos más cercanos a la tierra, el miedo a lo desconocido, la vida en el más allá y la existencia de seres no humanos.

Muchas de estas imágenes han quedado perpetuadas en la memoria a través de multitud de cuentos y leyendas que, dependiendo de la capacidad de interpretación y expresividad del relator se figuraban a todas luces como bestias reales de tiempos pasados pero aún no extintos. Seres recreados en la imaginación, conformados a partir de hallazgos fósiles antediluvianos, mitad animal, mitad persona, y conocidos ya, hace miles de años han acompañado al hombre en su recorrido en la tierra, y lo acompañarán, al menos en su mente, en sus viajes a otros mundos cercanos. La vigencia del bestiario helénico de faunos y minotauros y el medieval está hoy vivo en películas y cómics que toman una y mil veces figuras de Homero, de las Cantigas o de los bestiarios y libros de Horas que ilustraban sus capítulos con bichos con todo tipo de formas.

Uno de los últimos relatos tradicionales en los que aparece un ser fantástico es la copla de la Fiera Cuprecia, editada últimamente por la imprenta El Abanico de Madrid. A pesar de la modernidad de la copla, a finales del xix, en él subsiste la idea clásica de que solamente una muchacha virgen puede acabar con la vida de la bestia.








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