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Los Animales

Los animales en libertad • Los animales domesticados • Los animales fantásticos


Los cuatro monteros (Paloteo)

Cantado por Daniel López , apodado “el gracioso” de la danza de Hoyocasero (Avila). 22 de septiembre de 1932. Se añade a continuación la versión instrumental de dulzaina (la “gaitilla”, dicen allí) y tamboril interpretada por alguno de las diferentes cuadrillas de gaiteros que durante todo el XX salieron de este lugar



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Cuatro monteros del rey don Alonso,
cuatro monteros mataron a un oso.
Rey don Alonso, rey mi señor,
rey de los reyes el Emperador.

II. Los animales en libertad

El oso, varilla también de este abanico salvaje que abre y cierra el hombre a su gusto. Como el propio animal, su tradición oral ha ido extinguiéndose con el paso de los años hasta quedar refugiada en varios cuentos o fábulas, algunos romances (Rosaura la del guante) y en personajes grotescos que salían en algunos carnavales montañeses. La figura agresiva del oso se dulcificó hasta extremos de aparecer como un animal tonto en estos relatos (repasemos la expresión “hacer el oso”), imagen favorecida a medida que desaparecía el entorno hostil del bosque y quedaba refugiado como animal circense a través de la llegada de los húngaros y gitanos con sus animales amaestrados, personajes que aparecían como parte de la tradición en representaciones de carochos y obisparras zamoranas de la hiberniza.

Sus historias aparecen en verso en las fábulas de Samaniego “los dos amigos y el oso” y también en el relato (“Qué te dice el oso al oído?”, AT 179) junto a algunos cuentos más (“Piel de oso”, “El oso monta a caballo” AT117, “Comida de oso” AT179 o la “Castración del oso”), aunque muchas veces acaba siendo el lobo, en su mismo personaje de inocente, el que toma su papel sustituyéndolo.

La Montaña de León y Palencia sí mantiene algo más viva su imagen como animal cercano puesto que ahí vive refugiado. En Salamanca desapareció en el siglo XV y en Aliste en el XVIII. El último oso sanabrés cayó fulminado a los pies de la Cabrera en 1920, donde todavía se conservan enormes cercados que protegían las colmenares de su ataque, y algunos pozos o chorcos de lobos que sirvieron también para la captura del plantígrado. La sierra de Gredos en Ávila fue territorio de abundante caza de lobos, corzos, jabalíes y osos hasta la Baja Edad Media y como patético testimonio se conserva una pata disecada clavada en la puerta de la iglesia de Navacepeda de Tormes, que dicen fue sesgada de un tajazo con la hoz por un segador al que atacó, aunque más bien perteneciera a un oso amaestrado de los gitanos o húngaros. Varias danzas de palos de Salamanca y Avila guardan entre los textos de sus lazos la antiquísima canción de ”los monteros” que relata la cacería de osos del rey Alfonso XI en la sierra de Navataluenga, cuyo testimonio se recoge en El libro de la Montería de mediados del XIV. De entonces viene la canción que danzan con palillos a las Angustias el 15 de septiembre los mozos en Hoyocasero (Avila).








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