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Los animales en libertad • Los animales domesticados • Los animales fantásticos


La culebra desagradecida es devuelta a la cautividad (Cuento AT 155)

Narrado por Serafín Blanco de 57 años Riofrío de Aliste (Zamora), el 12 de mayo de 1984



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Pues eso ocurrió, ese fue aquí, en Peñas de Mayas también, hay unas peñas ahí muy grandes que se llaman Peñas de Mayas, y una mañana ahora de mayo, de madrugada, pues cuando una raposa andaba retozando por encima las peñas, “¡trin, trin, trin, guau guau guau guau!”, retozando por allí. Cuando sintió una voz trémola, que venía parece que del infierno, una voz que decía:
—¡Ay de mí! ¡Ay de mí!
Entonces la zorra asoma el hocico por el agujero donde sonaba la voz, dijo:
—¿Qué te pasa?
—Soy una serpiente, que estoy trizada entre esta, debajo de esta peña, y no puedo salir. ¡Ay si tú pudieras sacarme de aquí! Te lo agradecería infinito.
Entonces la zorra dice:
—Ten paciencia, hermana serpiente, que ahora mismo voy a llamar a mis compañeros: al lobo, al tigre y al leopardo. Ahora mismo los llamo.
Entonces se sube encima la peña…
—¡Guau, guau, guau, guau! —la serpiente—.
¡Guau, guau, guau, guau, guau!
Cuando contesta el lobo allá en la sierra La Culebra, en Peñofalso:
—¡Auuuuuuuu, auuuuuuuu!
Y entonces se asomó otra vez el hocico la, la raposa, pa donde estaba la serpiente, dijo:
—Ten compasión, hermana serpiente, que el lobo ya viene, ya está de camino.
Volvió a subir encima la peña, y miró hacia Valderrodrigo, a llamar al oso:
—¡Guau, guau, guau, guau! —al oso.
Ahora contesta el oso:
—¡Oooooooooh! —en Valderrodrigo.
—Ya viene también el oso.
Y lo mismo con el leopardo. Volvió a llamar al leopardo, a los cinco minutos llegaron los tres. Llegaron, miraron: efectivamente, la serpiente estaba trizada debajo de la peña. Bajaron abajo, cortaron unas buenas palancas de, de árboles que hay abajo, en, en las fuentes, donde están los molinos, estaban abajo las fuentes. Subieron arriba cada uno con su palanca, entraron a donde estaba la peña, cogieron la, las palancas, elevaron la peña, dice la raposa:
—¡A una! —y ahora ellos empujando—, ¡a las dos, a las tres!
Salió ya la peña, y salió la serpiente. Y salió para arriba. Según llegó arriba, que salió del agujero, estaba la zorra descuidada, hizo: “¡Zápete”, se le enganchó del rabo a la zorra; le marchó luego con un trozo.
—Ahora mismo te como —dijo la serpiente.
—¡Ay, por Dios, hermana serpiente, pero cómo me vas a comer, los favores que te he hecho! Te saco de ahí, y ahora con eso me lo pagas.
—¡Te como! ¡Ahora mismo!
—Por Dios, tenga compasión de mí: no me coma.
—Ahora mismo.
Y entonces dice el lobo:
—Bueno, pues si la has de comer, vamos a buscar a tres testigos. Si esos testigos dicen que, que la comas, la comes; pero si esos testigos dicen que no, no se puede comer; porque te ha hecho un favor.
Y dijo la serpiente:
—Vamos a buscar los testigos.
La serpiente se la agarró del rabo de la zorra (la serpiente de catorce metros) y la llevaba a la rastra la cuesta abajo hacia la casa de, de allí de Peña, de la casa los Lopes, que es donde están las primeras casas; la lleva a las rastras. El primero que encontraron fue un gallo:
—¡Quiquiriquí! —estaba cantando.
Y entonces le dice la raposa, dice:
—Mira usted. Te traemos, venimos a consultar aquí como testigos. Esta serpiente estaba debajo de la peña. Llamé a mis tres compañeros, la sacamos, y ahora me quiere comer.
Y dice el gallo:
—Pues sí, que te coma.
Le pegó otro mordisco al rabo y le marchó con otro trozo rabo. Ya ná más le quedaba un trocito así. Sigue más abajo, un cabrito.
—¡Pipí! —estaba retozando por allí, y le dice la, el mismo, la raposa, dice:
—Hermano cabrito, que venimos a consultar como testigos. Esta serpiente estaba debajo de la peña —y dijo—; yo la libré; ella ahora me quiere comer.
—¡Que te coma! —contestó el cabrito.
¡Zápete!: otro trozo de rabo. Ya ná más le quedaba dos dedos de rabo a la raposa.
—Vamos a buscar el tercer testigo.
La raposa, pues ya, pues, acobardada; le quedaban, pues, equis minutos de vida. Al cordero, bajan más abajo; había un corderito allí sin madre pequeño:
—¡Baaaah, baaaah!
Lo cogen:
—A ver, hermano cordero —le dice el lobo—, hermano cordero —le dice al cordero.
—A ver, ¿qué pasa?
—Pues mira —dice la zorra—, esta serpiente, que estaba metida, trizada, debajo de esas peñas. Llamé a mis compañeros; la sacamos. Y ahora con ese favor no le paga, ahora me quiere comer.
Dice el cordero:
—No. Eso yo no lo creo. Esta serpiente, la fuerza que tiene, ¿cómo va a estar cijada debajo una peña? No puede ser
—Sí, sí, que estaba cijada debajo de una peña.
—Yo no lo creo —contesta el cordero—. Tengo que verlo. Vamos al sitio otra vez —fueron al sitio otra vez—. Suéltate del rabo de la… —ya se lo había comido entero; hasta el culo lo tenía cortao—. Suéltate del rabo. Métete otra vez debajo la peña —se metió—, como estabas antes: da la vuelta. Vuelve a dar otra.
Dijo:
—Ya estoy —la serpiente.
—Mete las palancas ahora, levantarlas, que se meta bien. Dejar caer la peña otra vez —¡Baum! Volvieron otra vez la peña—. Ahora sí es verdad. Ahora la comes.
La serpiente dijo:
—¡Ay de mí! Que me saques de aquí. ¡Ay de mí, que me aplasta! Sácame, hermana zorra.
Dijo:
—Sí, jódete ahora —le dijo la zorra— ¡jódete!
Sin rabo empezaron los reminquetes:
—¡Guau guau guau, guau guau guau!
Allí se quedó, allí estaba la semana pasada todavía la sintió dar voces allí. El lobo marchó pa la sierra, el leopardo marchó pal otro lao, y el oso también, y el corderito pa su sitio, y la zorra pa, pa Escagalla y la serpiente allí estaba esta mañana todavía, por mala.

II. Los animales en libertad

La culebra de los cuentos, leyendas y fábulas aparece siempre como un reptil zafio y embustero que intenta engañar a todos aquellos que se le acercan. El libro de Buen Amor refiere un ejemplo de la culebra desagradecida que acaba con la vida de aquel que la recoge y la vuelve a la vida al calor de su pecho, del mismo modo que Esopo, Samaniego y Jean La Fontaine relatan casos similares en sus fábulas. Se echa mano de cualquier reptil en general para ambientar una historia con tintes ponzoñosos. La leyenda del pueblo que desaparece por el envenenamiento masivo de sus pobladores envenenados por un reptil, se narra aquí y allá en muchas parte de nuestra geografía. La desplobación de Miranda (despoblado medieval, cercano a Rebanal) es uno de los muchos ejemplos de ello.








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