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La perdiz y la ciberla. Fornillos de Fermoselle (Zamora)

La perdiz y la ciberla. Cuento narrado Adolfo Álvarez García de 82 años de edad y natural de Fornillos de Fermoselle (Zamora). 2 de septiembre de 2005



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Esto es desde luego, pues era cuando San José y la Virgen, y la Virgen huían porque cuando eran perseguidos y el camino que iría, o sea, que llevaban, pues San José le había puesto las herraduras a la borrica al revés –¿entiende lo que le quiero decir?- y entonces, pa que no lo siguieran como lo seguían que iban persiguiendo a la Virgen y San José lo..., o sea los que no los querían. Y entonces pues al coger y ponerle las herraduras, -que me parece que sabemos todo los que son unas herraduras de una caballería-, pues, por el camino y desde luego la perdiz pues cantaba:
-¡P´aquí va, p´aquí va, p´aquí va!
Y claro se lo anunciaba a los que perseguían. Y la ciberla pues que, con las paticas, que es un pájaro poco grande, la ciberla es un pájaro poco grande, pues escarbando desde luego borrando las pistas pa que no lo encontraran, amos, pa que lo alcanzaran porque si vas siguiendo unas pistas y las pistas las sigues van p´aquí y les sigues p´allí nunca lo encontrarás, y entonces fue cuando San José le echó la maldición a la perdiz que tenía que morir ahorcada y al eso era debido al nido, o sea, lo de la perdiz decimos uñal, que pone diez, doce huevos, ocho o nueve, pero ahí, cada perdiz, y entonces y entonces desde luego, pues el contenido es pa cazarlas ponerle un sedal pa –que le dije ya hoy, bueno, es igual–, que cría al pié un tomillo, medio en bajo una escoba, una hierba que se cría en el campo que llamamos barceo, pero bueno, lo guarda bien escondido, hacen muy poco nido, nada más hacen en el suelo, o algo de hoyo le ponen, o sea, unas hierbas secas y eso y allí eso; y se le armaba; y claro y es al entrar a poner o a huerar, –que decimos huerar cuando van a incubar, amos eso lo usan, buena gana tengo de referirlo que sabemos todos lo que eso– y claro cae por el cuello y al entrar cae por el cuello y desde luego eso es muy duro, que son de serdas del rabo de caballería, largo, hay que torcelo bien torcido y eso cuantos que eso, corres y se aprieta y muere; y a la ciberla que nunca llevaría disgusto porque le encontraran la cría, ni cosa ninguna y esas crían todo pa las arribas, –arribes nosotros siempre decíamos, arribas, arribes es igual– y nunca... yo me crié en las arribes y bueno y fuera de las arribes porque desde once o doce años pues me echaron con una... de cabrero en una cabriada y hasta que tuve dieciocho años–, y es un pájaro que no se le encuentra nunca, porque lo ponen donde no puede llegar persona ninguna, en una roca, pero que no se lo alcanzas a ver. La ves, sí, que puede entrar con cibaco, –decimos cibaco con lo que les llevan a los pájaros y eso– y desde luego, pues, cogérselo desde luego, de manera ninguna y eso es el contenido de eso, la perdiz moriría ahorcada y la otra que nunca llevaría disgusto ninguno y eso es así.

II. Los animales en libertad

Algunos antropólogos defienden que los sonidos emitidos con instrumentos de origen animal se corresponden con un lenguaje divino, cuando en los tiempos antiguos dentro de cada animal habitaba el espíritu de un dios. Es una constante a lo largo de las tradiciones culturales de todo el mundo el intento humano de lograr entender el lenguaje de los animales, con este referente primitivo como trasmisor del lenguaje de Dioses. Por ello, se cree que algunos animales son capaces de advertir a los humanos de peligros y desgracias, adivinar su futuro o reclamar su vida en sacrificio divino. Entre ellos el cuco, curquillo o cuclillo con su canto monosilábico de mal agüero responde a cuantas preguntas le formula la mujer para averiguar cuántos años la faltan para casar o para morir. Correas en su Vocabulario ya recoge el certero refrán relacionado con la infidelidad “¡Cucú, guarda, no lo seas tú!”

Otros animales como las cornejas, grajas o cuervos auguran desgracias venideras con su sola presencia, recordemos algunos pasajes del Cid donde la aparición de cuervos presagian pérdidas de batallas o muertes cercanas. Del mismo modo cuando ululan el búho o la coruja, canta el cárabo, el chotacabras o un gallo en mitad de la noche, significan el desenlace fatal de algún enfermo. El aullido del lobo o de un perro sobrecoge en la noche y la presencia de un zorro merodeando la casa de un enfermo y su ladrido anuncian su muerte próxima

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