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El asno y el perro (Fábula)

Narrada por Higinio Santos de 70 años de edad y natural de Pinarnegrillo (Segovia). 28 de agosto de 2005



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Un perro y un jumento caminaban
sirviendo a un mismo dueño,
rendido éste del sueño
se paró a descansar por un prado que pasaban.
El borrico, entretanto aprovechando,
descansa y pace, mas el perro hambriento:
–Bájate– le decía , –buen jumento
pillaré de la alforja algún bocado–.
El asno se le aparta como en chanza;
el perro sigue al lado del borrico,
levantando las manos y el hocico
como perro de ciego cuando danza.
–No seas bobo–, el asno le decía.
–Espera que nuestro amo se despierte
y será de esa suerte
el hambre más, mejor la compañía.
Pero del bosque entretanto, sale un lobo.
Pide el asno favor al compañero;
en lugar de ladrar el marrullero,
con fisga respondió: –¡No seas bobo!,
¡espera que nuestro amo se despierte,
pues que me aconsejaste la paciencia,
yo la sabré tener en mi conciencia
al ver al lobo que te da la muerte.
El pollino murió, no hay que dudarlo;
mas si resucitara,
corriendo el mundo a todos predicara:
–¡Prestad auxilio, si queréis hallarlo!

I. Los animales domésticos

El asno y el perro aparecen como compañeros de viaje desde los tiempos de Esopo (IV a.C.) y Samaniego recrea sus aventuras en los versos de esta fábula, número trece de su libro tercero. Un elemento de distinción que aparece con relación al cuento, y que a pesar de tener el mismo sentido no se da, es la aparición de una moraleja final que resume de manera certera lo narrado líneas arriba.








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